‘Tiempo de Revancha’: El mudo que más tenía para decir

En el año 1981, el cineasta argentino Adolfo Aristarain presentaba su nueva película, 'Tiempo de Revancha'. Más específicamente, fue el 30 de ese mismo año, por lo que esta obra maestra en la cultura cinematográfica argentina está cumpliendo 40 años.

Se abre la imagen y aparece un juguete de Papá Noel a pila. La música de Emilio Kauderer se hace presente al instante, y acompaña al espectador en los primeros minutos del filme. Al minuto y medio, ya se nos introdujo el tiempo (Navidad), el lugar (Buenos Aires) y el protagonista. Pedro Bengoa aparece por primera vez en la pantalla, enfrentándose a bloques de cemento industrializados, que son más conocidos como edificios.

La simple figura de Bengoa ingresa desde afuera a un edificio para hacer lio desde adentro. La secuencia inicial reproduce efectivamente lo que va a suceder a lo largo de todo el largometraje: un hombre confrontándose al sistema. Es así como se desata la historia, donde un individuo de mameluco va a hacer temblar a tipos de saco y corbata. Así empieza ‘Tiempo de Revancha’, una de las películas fundamentales del cine argentino.

Fue escrita y dirigida por Adolfo Aristarain, con las actuaciones de Federico Luppi, Haydée Padilla, Julio de Grazia y Ulises Dumont, entre otros intérpretes. Se estrenó en el año 1981, y formó parte de una de las películas más tempranas de Aristarain, en realidad fue, la que lo terminó por consagrar. A 40 años de su estreno, ‘Tiempo de Revancha’ sigue siendo objeto de estudio, debate y crítica. Su aporte multidimensional permite entender a este filme desde diferentes puntos de vista, ya sea social, histórico, político o humano.

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Pedro Bengoa (Luppi) es un dinamitero ex-sindicalista, que consigue trabajo en una empresa minera importante tras mentir sobre su pasado y ocultarlo. Obtiene un puesto elevado en la compañía Tulsaco, que le permite ser una especie de capataz: maneja al personal dinamitero, pero debe acatar órdenes de arriba. Por esas casualidades de la vida, Bengoa se reencuentra con Bruno Di Toro (Dumont), un gran amigo suyo de los tiempos del sindicato. Será Di Toro el que llevará a Bengoa a la perdición.

Ambos deciden ocultar su pasado, por lo que hacen de cuenta que se conocen por primera vez. En una ocasión, Di Toro le comenta un plan a Bengoa para estafar a la empresa minera y así ganar una suma importante de dinero. Solamente hacía falta que todo parezca una equivocación, y visibilizar a Tulsaco como el principal responsable. Esta compañía minera hacía un uso indebido de los explosivos en la zona, poniendo en riesgo tanto a sus propios trabajadores como a los pueblos cercanos. Era fácil plantar el cebo.

La idea era clara y sencilla: al dinamitar cierta zona, Di Toro buscaba el lugar exacto para esconderse debajo de piedras para así salvarse de la explosión. Al salir de ese lugar, Di Toro no hablaría ni una sola palabra, se quedaría mudo del susto. Mientras tanto, Bengoa solo tenía que mandar más explosivos a esa zona y dinamitarla. La otra parte del plan era contratar a un abogado mercenario aliado y así conseguir la mayor cantidad de dinero sin tener que pasar por juicio, debido a que a la empresa no le convenía en absoluto.

La ley de Murphy, básicamente, propone que todo lo que puede salir mal, saldrá mal. Eso les pasó a estos trabajadores, Bengoa quedó atrapado en el medio de la montaña y Di Toro falleció por la explosión. Ahora Bengoa tendrá que ocupar su lugar, y es así como Federico Luppi no dirá una sola palabra más en lo que queda de película, y sin embargo, brindar una actuación para la memoria.

Durante los años 1976 hasta 1983, Argentina vivía una de las dictaduras más inhumanas de su historia. El conocido Proceso de Reorganización Nacional, fue este plan llevado a cabo por las fuerzas militares armadas para ejercer el debido control hacia la población. El método de gobierno era a través del uso de un sistema autoritario, que tenía sus bases en el terrorismo de Estado y la desaparición de personas. Es en este mismo contexto donde se estrena ‘Tiempo de Revancha’, y hasta el día de hoy todavía no se puede entender cómo fue posible la aparición de esta película.

Esta dictadura cívico-militar fue parte de una serie de procesos similares que se dieron por toda Latinoamérica. Siendo apoyados por el gobierno de los Estados Unidos, que dependía del contexto mundial: plena Guerra Fría. Es así como se buscaba eliminar toda idea que fuese considerada subversiva, comunista, de izquierda o que, simplemente, fuese en contra de las ideologías del gobierno. Eso desembocó en la censura masiva. Se quemaron libros, discos y todo producto cultural que ponga en riesgo las ideas conservaduristas. Entre ellos, estaban las películas.

Tal y como el protagonista de ‘Tiempo de Revancha’, la población argentina (y el cine nacional) vivió tiempos de mudez. Se cancelaba y eliminaba todo lo que iba en contra a las ideas impuestas. Es así como, debido a la fuerza de un sistema tan grande, se enmudeció a las personas y se exterminó con la libre expresión. Pedro Bengoa es el representante de esta población, que sufre las consecuencias de un sistema corrupto, que hace todo lo posible para mantenerse en pie a costas del sufrimiento ajeno.

Un personaje que sin hablar se termina por salir con la suya, pero que termina damnificado de todas formas. El final de ‘Tiempo de Revancha’ es el representante perfecto de la sociedad argentina. Bengoa termina por aceptar su condición, no puede hablar más, y a voluntad propia, decide cortarse la lengua. Aceptar el destino luego de una experiencia tan traumática. Encontrarse a sí mismo bajo lo conveniente y saber adaptarse a los tiempos que corren y que correrán. Es así como termina la película, con un personaje separándose de lo más importante que tiene: su capacidad de hablar, de expresarse, de transmitir.

Es ahí donde se destaca este filme del resto. Ese mensaje tan fuerte que se esconde detrás de la simple historia de un plan que salió mal. Con el contexto de fondo y al acecho constantemente. Con una población tan arruinada por un sistema, que lo único que hace es ir por el dinero. Y porque, al final, hay que cuidarse más de lo que uno calla, que de lo que uno tiene para decir.

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