Crítica de ‘The Green Knight’: la nueva y críptica película de A24

La reversión de David Lowery de la leyenda artúrica resulta en una cinta fantástica y enigmática que roza lo surreal.
The Green Knight

Existencialista, ambigua, dosificadora. Esos son los adjetivos que más rápido vienen a la mente después de ver ‘The Green Knight’, el nuevo filme de David Lowery otra vez bajo el ala de A24 (ya habían colaborado en 2017 en la aclamada A Ghost Story’). Mediante profundos cambios al relato original –y no, no es la adaptación de un cómic; hubo historias antes del siglo XX, como la leyenda artúrica de Sir Gawain and The Green Knight– Lowery densifica y enriquece, con matices oníricos y perturbadores, una estructura narrativa lineal y clásica: el viaje del héroe para enfrentarse con su destino, el viaje de Sir Gawain (Dev Patel) para enfrentarse al Caballero Verde.

Si se desconociesen el prontuario y las manías del director uno podría conjeturar que leyenda artúrica adaptada al cine es instantáneamente igual a espadas, sangre y efectos especiales –como viene sucediendo con los últimos intentos durante el nuevo milenio de llevar a los muchachos de la mesa redonda a la gran pantalla. ‘The Green Knight’ no podría estar más en las antípodas. Recupera de los relatos artúricos todo el armazón simbólico –la carga moral y metafísica– y con justa violencia como manejo del tempo urde alegorías sobre la muerte, el honor, los mandatos, la feminidad y la masculinidad que desafían al espectador al atento ejercicio de la exégesis.

‘The Green Knight‘ (2021). Dirección: David Lowery. Guión: David Lowery. Fotografía: Andrew Drowz Palermo Música: Daniel Hart. Elenco: Dev Patel, Alicia Vikander, Joel Edgerton, Sarita Choudhury, Barry Keoghan, Sean Harris, Kate Dickie. Duración: 130 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.

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Análisis

Respecto al poema anglosajón, ‘The Green Knight’ se toma notables libertades creativas, pero siempre acordes al tono y a la trama. Sir Gawain (Patel) es en esta reversión el hijo de una media hermana del Rey Arturo, pero no se específica de cual –en el relato originial es hijo de Morgause. Por otro lado, lejos está de codearse con los altos poderes de Camelot: se nos retrata un Gawain “perdedor”, que anda a tropezones, entre bares y burdeles, enamorado de Essel (Alicia Vikander), una plebeya.

Sin embargo, no parece molestarle mucho su situación ni parece emocionarle la grandeza que le depara ser un caballero –más bien lo aterra. Pero sí le preocupa a su casta en general y a su madre (Sarita Choudhury) en particular. Ella concierta mediante un hechizo la llegada del Caballero Verde y casi que obliga a Gawain a aceptar el desafío: decapitar al extraño con su propia hacha para luego recibir el mismo tratamiento exactamente un año después. Gawain ejecuta el golpe, la cabeza verde rueda, el cuerpo se desploma, pero al instante se yergue. La angustiante espera comienza.

Para cuando se está por llegar a la fecha pactada, todo el reino tiene conocimiento de la “hazaña” de Gawain –que se ha tergiversado ampliamente, una suerte de fake news del medioevo. Se bebe en su nombre, se teatraliza su obrar y se lo retrata. A pesar de todo, Gawain continua en sus divagues, con la sapiencia de que su hazaña no fue tan heroica como se cuenta, sufriendo el paso del tiempo y el acercamiento de la cita. Finalmente deberá partir en un viaje extraño e introspectivo para alcanzar su destino: la grandeza y el honor.

The Green Knight

El viaje de Gawain no es el arquetípico. Aunque se enfrenta a hampones, espíritus y gigantes, más que lo corpóreo, más que un duelo físico, es un embate mental y un juego moral. Como en sus desvaríos en el reino, Gawain va errando entre los bosques y las montañas, espantado y fascinado por lo sobrenatural –en un acto de mímesis con lo que le sucede al espectador. Más por azar y por ayudas externas que por mérito propio es que va sorteando los obstáculos. Ni siquiera parece saber bien porque está haciendo lo que está haciendo. Se vio empujado. Sabe que es el deber de un caballero (de un hombre) el ser valiente, el cumplir con su palabra y ser honorable. Pero jamás está totalmente seguro de querer lo que todos quieren para él: una vida de grandezas. Ni tampoco su accionar o su personalidad parece acoplarse a ese ideal.

La travesía hacia la Capilla Verde se asemeja a un rito de pasaje moderno: una suerte de virginidad que Gawain debe perder para acceder al título de caballero (convertirse en hombre). El protagonista reflexiona sobre si se transformaría simplemente al atravesar esa experiencia. Esa analogía crítica entre la caballerosidad medieval y la masculinidad moderna es quizá el eje fundamental en el que insiste sutilmente Lowery desde el principio hasta el final de la cinta, sin llegar a vislumbrarse del todo un sentido exacto –fiel al relato medieval, queda abierto a la resignificación.

En esa lógica las figuras femeninas también cobran especial y críptica relevancia: la madre de Gawain aparece como una suerte de demiurga, con mucho más poder e importancia en la trama que el propio Rey Arturo (Sean Harris). Ella es la artífice del incidente disparador de la historia y de capital importancia para el avance de la travesía. Por otra parte, las amantes aparecen como tentaciones para Gawain, distracciones frente a su empresa más acuciante. No obstante, Lowery parece darle un sentido alternativo: más que distracciones, lo que ofrecen son otros caminos para llegar a cierta completitud, otros caminos que no son el mandato familiar/social (el enfrentamiento con el Caballero Verde).

The Green Knight

Desde el apartado técnico el filme es impecable. La banda sonora, compuesta por Daniel Hart, adorna e intensifica las secuencias sin opacarlas; logra acertar en lo que pide cada escena, cada ambiente, cada golpe de efecto, sumergiéndonos en el relato. La cinematografía es quizá de lo más bello que podamos ver este año. CGI justo y necesario, saturaciones de color a lo Dario Argento, paisajes y ambientaciones bellísimas a la par que surrealistas y una cámara y una puesta en escena que se balancean entre la transparencia y la alegorización.

Sin una pizca de momentos expositivos, ‘The Green Knight’ se deja leer en su superficie pero se endurece y codifica en sus detalles, jugando con la polisemia característica del relato original que se conjuga perfecto con el estilo del director –que ya había delineado en ‘A Ghost Story’. El resultado es una obra única, un relato fantástico como los de antaño, pero a su vez renovado por tendencias estilísticas y temáticas actuales que, sin embargo, se abarcan taciturnamente. Sin vanagloria narcisista, sin necesidad de una didáctica directa, sin ser condescendiente con el espectador.

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