60 años de ‘Breakfast at Tiffany’s’, si de íconos hablamos…

Se cumplen 60 años del estreno de 'Breakfast at Tiffany's', la misteriosa historia de Holly Golithly, uno de los personajes más icónicos del cine.

Una música melancólica, ‘Moon River’ de Henry Mancini. Una Nueva York que es testigo de los primeros minutos de sol. Una mujer baja del taxi que la dejó en la puerta de la reconocida joyería Tiffany’s. Audrey Hepburn, ya icónica, saca de una bolsa un cierto tipo de pastel y un café. Su atuendo ya es reconocido mundial e históricamente: un vestido negro creado por el mismísimo Givenchy, y que será recordado como el mejor atuendo en la historia del cine. Esos son los elementos que componen el inicio de ‘Breakfast at Tiffany’s’, uno de los más grandes clásicos habidos y por haber.

Basada en la novela homónima de Truman Capote y bajo la dirección de Blake Edwards, se considera a ‘Breakfast at Tiffany’s’ como una película ya icónica e imposible de desconocer. Está protagonizada por Audrey Hepburn, en el ya legendario rol de Holly Golightly, y ofrece una interpretación que le valió una nominación al Premio Oscar a Mejor Actriz.

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Lo dicho, ‘Breakfast at Tiffany’s’ es una comedia romántica clásica del cine. Sin embargo, esconde ciertos detalles que son por demás de sugestivos. El punto de vista de esta película está del lado de Paul Varjak (George Peppard), un escritor que decide mudarse a Nueva York. En su edificio habita Holly Golightly (Hepburn), una bella y misteriosa mujer, a la cual Paul siente una atracción instantánea. A partir de ahí, se construye uno de los personajes más recordados de la historia de la ficción.

Los primeros minutos de la película ya van a marcar el tono y lo que oculta. Se muestra que Holly Golightly desciende del taxi y desayuna al frente de Tiffany’s. Pero lo que se esconde es que, quizás, este personaje estuvo en una fiesta o en algún evento y no pudo dormir en toda la noche. No la vemos llegar a su casa, sino llegar a un lugar donde ella se siente completa y pone de un lado todas sus aflicciones. Por eso el inicio de una película tan alegre es así. Porque demuestra lo fuerte que puede ser un personaje por fuera, pero lo vacío que puede llegar a ser en su interior.

La llegada de Paul a la vida de Holly supone un cambio para bien. En la novela de Truman Capote, se explicita que el personaje de Hepburn es una escort, pero se puede decir que, en la película, se deja a libre interpretación. La totalidad del personaje se expone desde el punto de vista de Paul, que verá a Holly tanto en sus momentos de plenitud como en los más miserables. Se la puede ver a Holly de fiesta en fiesta, haciendo uso de un atuendo más icónico que otro, con una copa en la mano y rodeada de personas. Pero la realidad es otra.

En el inicio del segundo acto del filme, la tranquilidad del espectador se ve corrompida, al igual que la de Paul. El personaje de Audrey Hepburn no es quien dice ser. Holly Golithly vive atormentada por su pasado, por una persona que quiere dejar de ser y aspirando a ser alguien. Vive ahuyentada por los fantasmas de un individuo que fue y salvada por los momentos donde su mejor compañía es ella misma.

Escapó de una vida y empezó a armar una propia. Se propuso mantener un estatus y simplemente vivir, fuera de toda complicación. Sin embargo, el pasado vuelve, y con ello los recuerdos repulsivos de una vida que quería olvidar. Se retratan en esta película un amor correspondido, el fenómeno de la avaricia, el servicio meteorológico utilizado como código entre la mafia y una búsqueda personal. Los conflictos de ‘Breakfast at Tiffany’s’ se resuelven de la manera más humanística posible.

Holly acepta su pasado. Se acepta a ella misma. En su primer encuentro con Paul, confesó no tener la autoridad ni para ponerle nombre a su mascota. Por su parte, Paul acepta a Holly tal y como es. No se trata de escapar, ni de mucho menos olvidar, sino de reconocer que somos pura esencia. Tenemos un pasado, un presente y un futuro, y una película que demuestre aquello de una manera perfecta como lo hace ‘Breakfast at Tiffany’s’ merece ser considerada un gran clásico.

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