Ser joven, sentimiento universal: La trilogía de Oslo (Joachim Trier)

Un repaso por las ideas que subyacen a las tres películas dirigidas por Joachim Trier que ocurren en la capital de Noruega: 'Reprise' (2006), 'Oslo, 31 August' (2011) y 'The Worst Person in The World' (2021).

Noruega quedó este año en el octavo puesto de países más “felices” del mundo, elaborado por la ONU, basado en parámetros como esperanza de vida, PBI per cápita y bajos niveles de corrupción. Se entiende, un país del “primer mundo”, aquella burda clasificación de naciones que no hace más que hacer evidente la desigualdad social que vive el planeta. ¿Qué clase de problemas tiene entonces un noruego o noruega a fines de su 20, comienzos de sus 30 años? La trilogía de Oslo, ese compilado de películas del director y guionista Joachim Trier, es una respuesta a esa pregunta. Una respuesta universal, que atraviesa barreras económicas, sociales e idiomáticas. Trier dijo alguna vez que quiere “secuestrar” el drama de regreso a HBO. Sus historias están motivadas por las miserias y alegrías de jóvenes europeos con un buen nivel de vida, pero con inquietudes que puede vivir un porteño a la misma edad.

La primera película Reprise estrenada en 2006, cuenta la historia de Philip y Erik jóvenes aspirantes a escritores en la ciudad que da el nombre a la saga y que es escenario de los tres films. Cinco años después vendría Oslo, 31 de agosto que cuenta la historia de Anders, un adicto en recuperación en aquel último día del mes. Por último a fines del año pasado y aún sin estreno en algunas partes del mundo, la más celebrada de las tres, la que tarde o temprano tendrá una remake en inglés, The Worst Person in The World, narra cuatro años de la vida de Julie, una joven de carrera errante al igual que su vida amorosa.

Si bien las tres películas cuentan historias que no conectan entre si, ni comparten personajes, coinciden no solo en la ciudad, el idioma y el buen nivel de vida que se observa (no hay rastros de marginalidad o pobreza alguna), sino que también en el desamparo de los jóvenes que retrata. Los dos protagonistas de Reprise sufren por ser exitosos en un arte esquivo como la literatura, mientras que el adicto de Oslo sufre depresión y le cuesta reconectar con sus amigos, su familia y sus pasiones. Y Julie, la joven protagonista del último film, cambia de carrera tres veces en 10 minutos de película, y sale de una relación y entra en otra abruptamente, dañándose a sí misma y a terceros. Todos buscan algo de sentido a sus existencias. Julie es quizás lo que la toma con más humor, el adicto cae en la depresión y los escritores compiten entre si, están constantemente sobreponiendo el éxito a la felicidad.

Pienso en jóvenes en Argentina, en mi propia experiencia, en que en un país como en el que vivimos hay otros desafíos que afectan nuestras vidas de manera más colectiva. Pero aquella inquietud, ese horizonte esquivo pero existente, es algo compartido, sumamente cercano. Hay un cambio cultural del que aún tienen que pasar un par de décadas para diseccionarlo apropiadamente, que es la reconfiguración familiar de las generaciones más jóvenes. Y es que la caída de fieles a las religiones, los movimientos culturales y sociales como el feminismo, el predominio de una vida tendiente al materialismo, nos hacen pensar a los jóvenes adultos dos veces antes de formar una familia con hijos. 

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Las razones van desde lo económico (sustentarse a si mismo ya es difícil, los esfuerzos se amplifican al tener alguien a cargo) hasta el tiempo libre (criar lleva tiempo y la mujer de a poco se corre del lugar de crianza y con razón). Los adultos jóvenes prefieren “realizarse”, viajar, distenderse de sus trabajos, a no pensar en parejas estables, y amplían su responsabilidad como mucho a mascotas, que cuidan 10 veces mejor que generaciones previas (que los perros durmieran afuera, ahora está claro, es una crueldad).

Trier, que está en sus 40, cuenta historias sobre esas inquietudes, sobre todo en Oslo, y Worst. Hay unos notables 20 minutos en la primera, dónde el protagonista visita a un amigo con familia y si bien hay cierta envidia inicial, este le hace saber de los desafíos de una vida en familia, sin sexo y cansancio por la rutina.

En Worst, uno de los ejes narrativos más importantes del film es el rol materno que rechaza Julie en varios pasajes. Su primera pareja le insiste constantemente en tener hijos, pero ella observa la dificultad de las parejas a su alrededor y también que simplemente no quiere eso para su vida. El dilema de la juventud siempre pasa por lo que se quiere pero nunca por lo que no se quiere. Julie está segura de que no quiere ser madre y hay un alivio de su parte, cuando, al quedar embarazada de su segunda pareja en la película, pierde el bebé.

Entonces ¿Si no hay familia? ¿Qué hay para el joven adulto de hoy? Esa es la pregunta que le sigue a la planteada antes en esta columna. Y en ese abismo tan profundo navegan los personajes. Con un horizonte lleno de posibilidades, no parecen saber a dónde dirigirse. El cine de Trier es un cine de incertidumbres, sus historias transcurren por el desconcierto de sus protagonistas, su falta de certezas.

Hasta acá se habló de las ideas que atraviesan los films de Trier, pero vale la pena resaltar su calidad formal. El director en primer lugar se permite juegos visuales (“congelar” al mundo, menos al protagonista, imaginar “finales alternativos” de los personajes) y también si bien hay un guión, marcó en varias oportunidades, que los intérpretes le agregan una capa más de sentido con sus actuaciones. Hay reacciones mínimas, humanas, llantos contenidos y pausas, que dotan a los relatos de una intimidad envidiable. La banda sonora y los diálogos también acompañan al relato, y algunos son realmente memorables.

Julie y los demás personajes son noruegos y no, claramente no tienen problemas para llegar a fin de mes como sucede a gran parte de los jóvenes argentinos. Pero sus historias podrían trasladarse tranquilamente a este país. Conozco a Julias que se ponen en pareja casi por inercia, que disfrutan de no tener hijos, que van probando trabajo en trabajo hasta encontrar lo que creen que va con ellas en ese momentos de sus vidas. 

Es refrescante saber que a miles de kilómetros, al norte de Europa, hay un cineasta que cree que esas historias deben ser contadas y no la de digamos, un hombre exitoso que conquista a la mucama. De esas hay muchas y poco tienen que ver con seres humanos reales. Y es obvio que la ficción es mentira y que no refleja la realidad al 100 por ciento, pero en esta vida nada lo hace y lo mejor que puede hacer el cine a veces es hablarnos a nosotros, hablando de alguien más. 

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