Crítica de ‘El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas’, de Alejandro Hartmann (Netflix)

El documental de Netflix sobre el asesinato de José Luis Cabezas, 'El fotógrafo y el cartero', se presentó oficialmente en el [23] BAFICI.

Despúes de la exitosa miniserie Carmel, el director argentino relata con precisión y síntesis uno de los peores crimenes de la era demócratica. Se trata del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas. ‘El fotógrafo y el cartero’ se proyectó en el [23] BAFICI y se estrenará próximamente en Netflix.

‘El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas’ (2022).Dirección: Alejandro Hartmann. Guion: Tatiana Mereñuk, Gabriel Bobillo y Alejandro Hartmann. Fotografía: Alejandra Martín. Edición: Santiago Parysow. Música: Leo Sujatovich. Testimonios: Gabriel Michi, Mariano Cazeaux, Alejandro Vecchi, Eduardo Duhalde, entre otros. Duración: 105 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.

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El fotógrafo y el cartero comienza con el testimonio de una figura política imprescindible de los noventa. Con tono pausado y reflexivo, Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex presidente de la Nación, cuenta cómo yendo a pescar vió un auto prendido fuego al costado de la ruta, pensando que se trataba de un accidente de tránsito. Al regreso, cuando notó la presencia policial, se daría cuenta de la gravedad del asunto. José Luis Cabezas, reportero gráfico de la revista Noticias, había sido asesinado el 25 de enero de 1997 en cercanías de Pinamar. Su cuerpo y el vehículo con el que se trasladaba, prendidos fuego en uno de los crimenes más atroces en tiempos demócraticos.

Alejandro Hartmann, quien hace un tiempo estrenó en Netflix la exitosa miniserie Carmel, sobre el crimen de María Marta García Belzunce, hizo un documental excepcional sobre el asesinato del fotógrafo. No solo por los testimonios recopilados y el gran material de archivo al que accedió, sino porque lo contextualiza, en poco menos de dos horas. Lo que hace el director es describir la trama de poder detrás del asesinato del trabajador de prensa, símbolo del oficio períodistico en la Argentina.

Hartmann consulta a compañeros del fotógrafo (se destaca la lúcidez del siempre polémico Edi Zunino), al mencionado Duhalde (una figura poderosa y enigmática, que parece un personaje sacado de una película de Scorsese, un Joe Pesci del conurbano) y también recopila material de archivo imprescindible (la entrevista de Mariano Grondona a Alfredo Yabrán, 25 años después, pinta de pies a cabeza al autor intelectual. Un hombre en aparencia amable pero de ojos vacíos que buscaba una limpieza pública de su imagen).

El director además explica la enrevesada trama de la causa judicial, que ningún guionista podría haber imaginado. La detención a “Pepita La Pistolera”, el testigo al que Duhalde logra sacarle la información y las conexiones entre Yabrán, la policia bonaerense y el gobierno de turno, que presidía Carlos Menem.

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Pero Hartmann no solo expone sino que homenejea de forma respetuosa y plantea una tesis de porqué Cabezas fue asesinado. En los breves minutos que aparece el fotógrafo en pantalla, es a través de videos y fotos que lo muestran como un hombre feliz. Los testimonios que elige lo describen como un apasionado de su oficio, siempre en búsqueda de la foto imposible. Cualquiera que haya trabajado en una redacción conoce gente así, con una ética intachable a la hora de trabajar en un medio de comunicación.

Lateralmente, ‘El fotógrafo y el cartero’ describe lo que era hacer periodismo en los noventa. Y es que en plena época de convertibilidad, privatizaciones y frivolización de la política (Hay breves clips de Menem con modelos y los Rolling Stone), los periodistas de investigación realmente ponían contra las cuerdas al poder político, económico y a las fuerzas de seguridad. Allí Hartmann describe la génesis de la nota “Maldita Policía” de revista Noticias y cómo tras el asesinato de su compañero, la redacción de la publicación creía que la policía o Yabrán estaban detrás del hecho. De cómo trabajaban en ese entonces a cómo es el periodismo hoy en Argentina, parece haber un océano de distancia.

El director entiende por último, que el asesinato del periodista es consecuencia de los lazos que tenía Yabrán con el gobierno menemista. Si bien no tenía un control directo sobre las decisiones que tomaba el gobierno, el empresario entrerriano controlaba prácticamente todo el sistema de correos, envios y logística del país (de ahí “el cartero” del título) y tenía un vínculo estrecho con ministros y funcionarios (sorprende la cantidad de llamadas con el gobierno que realizaba Yabrán períodicamente, a raíz de la investigación por el crimen). El poder del “cartero” no tenía techo en aquel entonces y en palabras de él, ser poderoso significaba ser impune.

El asesinato de Cabezas fue, como bien puso en palabras la investigadora Cora Gamarnik, también citada en el documental, la gota que derramó el vaso de una década llena de crimenes infames: desde el femicidio María Soledad Morales, a los dos atentados contra la comunidad judía en el país, pasando por el asesinato del soldado Carrasco, los poderosos de turno habían cometido atrocidades, por acción u omisión, y la sociedad civil tenía un gran descontento que Cabezas parece haber unificado en un solo reclamo.

Poco después, Menem dejaría la presidencia y asumiría De La Rúa. El fotógrafo fue víctima de la impunidad de una red de poder y corrupción enquistada en el país y vale la pena, a 25 años de su asesinato, tener documentales como el de Hartmann, para no olvidarse de él, como bien reza el slogan que crearon sus colegas y que esta presente cada 25 de enero.

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