Cine con preguntas: ‘Ema’ (2019), de Pablo Larraín

En esta primera edición de 'Cine con preguntas', Mariano Parnes analiza 'Ema', película chilena de Pablo Larraín con Mariana di Girolamo y Gael García Bernal.
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Ema

Ema es una película del director chileno Pablo Larraín. Empieza con un semáforo en rojo en una calle nocturna con algo prendido fuego en cámara lenta.

La calle está desierta.

¿Podría ser un sueño?

Ema baila en un grupo que realiza espectáculos de vanguardia, con pantallas led detrás con formas geométricas y colores brillantes. En una coreografía, bailan veinte personas y detrás se proyecta un planeta azul helado y luego un redondel enorme que sería un sol naranja. El director de la compañía es el esposo de Ema. Adoptan un chico, que se llama Polo, que habría prendido fuego su casa y le quemó la cara a la hermana de Ema. La vemos en el hospital desfigurada; La pareja se dice en la cara cosas horribles, de enorme violencia, de esas que solo se pueden pensar, pero no pronunciar.

Es un sueño.

Cosas que podrían estar en una novela de Roberto Arlt son las balas verbales de Ema a su marido.

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«¡Sos esteril!, por eso adoptamos. Sos un condón humano», dice Emma, que es flaquita, con pelo teñido de amarillo patito y debe pesar unos cincuenta kilos.

La película para ese entonces tiene mucho contraste de color, casi siempre verdes y azules y es mayoritariamente nocturna. Santiago de Chile se ve lindo, con sus montañas y sus playas, pero en el universo del film es un lugar ausente y con luces de neón que dan idea de peligro;

¿Alguno de los personajes de la película tiene claro su objetivo?

¿De ser una canción cual sería esta película? ¿Una de Nick Cave?

¿Alguien tiene clara su visión de la vida en el universo del film?

Ya por la mitad de la historia, veremos contratar a una abogada, Ema le aclara que no puede pagarle en dinero porque no tiene, pero que podría cocinarle, ser niñera o su amiga.  Incluso que puede bailar para ella. La abogada se ríe.

¡Qué bueno eso! ¿En la vida real suceden cosas así?

Qué bueno sería saber bailar, poder mover el cuerpo así.

“Está claro que el que sabe bailar sabe tener relaciones”, me dijo una compañera de facultad que estudiaba para profesora de capoeira.    

«Bailás esa música de mierda que es el reggaetón en donde se hace un ritmo que te machaca el cerebro, un ritmo carcelario, en base a repetición de golpes de reja y se cuenta que las mujeres son objetos que desean ser llenadas por la parte del hombre que es el macho dueño de los autos caros y del poder«, dice el marido, actuado por Gael García Bernal.    

«Vos no entendés nada, me gusta bailar porque se siente rico en el cuerpo y no hay nada más que explicarle a nadie, es como ‘tirar’ pero al ritmo de una música que te da alegría», dice una bailarina amiga de Ema que hace de su vocera.           

Estoy del lado del marido en la disputa, no comprendo cómo se combina reggaetón y empoderamiento femenino.

Ema va a buscar trabajo a una escuela. En la entrevista laboral con la directora, la seduce y la hace hablar sin cassete. Hablan de sus sueños y frustraciones, de ser convencional y de ser sui generis

¿Ema puede ser una drácula femenina moderna?.

¿El sexo como pequeña muerte?

¿Puede ser que la alegría sea tomar un vino caro mirando a la ciudad desde un balcón?

¿El final es extraño o previsible? ¿es una tragedia griega?.

La gran pregunta de Larraín y de mi hermano psicólogo en el auto mientras andábamos por Av Las Heras al atardecer queda en los colores del cielo.

Ema (2019). Dirección: Pablo Larraín.

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