Crítica de ‘Argentina, 1985’, de Santiago Mitre con Ricardo Darín y Peter Lanzani

El director argentino hizo quizás su mejor obra, al hacer una película que no esquiva los duros hechos que relata, pero lo hace con humor, gran pericia técnica y un gusto por el entretenimiento
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5.0 out of 5.0 stars

El gran desafío del cine parece ser el de aunar las ambiciones artísticas con las comerciales. Que una película pueda ser por un lado la posibilidad de una pareja, familia o amigos de distraerse por dos horas de las presiones cotidianas. Por el otro, que por sus cualidades técnicas o ideas, se configure en una obra «artística» una reflexión del mundo o del ser humano. Santiago Mitre, en Argentina, 1985 -su segunda estreno este año luego de la notable Pequeña Flor– buscó ambos objetivos.

El cineasta tomó un tema difícil como el juicio a las juntas militares. Un hecho inédito para la democracia moderna en la que un país juzgó a los responsables de su propia dictadura (algo que no ocurrió ni siquiera con los juicios a los jerarcas nazis, ya que fue un tribunal internacional en ese caso), pero a la vez quiso entretener, haciendo una película de juicios el mejor estilo Hollywood, en la tradición del Spielberg más adulto, pero con sello indudablemente argentino. El resultado es más que exitoso.

Argentina, 1985 (2022). Dirección: Santiago Mitre. Guion: Mariano Llinás y Santiago Mitre. Elenco: Ricardo Darín, Peter Lanzani, Alejandra Flechner, Carlos Portaluppi, Norman Briski, Héctor Díaz, Alejo García Pintos, Claudio Da Passano, Gina Mastronicola, Walter Jakob, Laura Paredes. Fotografía: Javier Juliá. Música: Pedro Osuna. Duración: 140 minutos. Nuestra opinión: Excelente.

Para lograr esto, el director argentino tomó dos decisiones narrativas. Por un lado, que el relato estuviera empapado por el humor local, irónico y desconfiado. Por el otro, por un montaje ágil, rápido, atrapante, para resumir pasajes que por otro lado podrían ser aburridos o tortuosos de ver.

En el primer punto, el director acierta desde el guión -seguro también por talento de su habitual colaborador Mariano Lllinas– en díalogos que evitan la solemnidad y abrazan la identidad argentina. Hay una escena memorable donde la mujer del fiscal Julio César Strassera (Ricardo Darín), pone en duda su valentía ante tamaña responsabilidad y evitando lugares comunes le dice «a mi me parece que vos estás cagado hasta las patas». Se siente orgánico, para nada acartonado. Esto se repite durante casi toda la película (hay uno que otro diálogo que subraya lo que ocurre, pero son los menos).

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Argentina, 1985 no solo abraza la forma de hablar del argentino, sino también sus costumbres y una época. Hay un deleite desde lo visual por los bares, restaurantes y departamentos que se muestran, como así también de la música y los aparatos que se usaban en los 80. Acá hay algo a destacar también del film y es su belleza formal. No hay película reciente del panorama nacional que se vea tan bien, desde el vestuario, fotografía, ambientación y diseño de producción que Argentina, 1985. Uno podría no seguir tanto la historia y embriagarse por los pasillos de tribunales, los asistentes del fiscal fumando sin parar y las paredes llenas de fojas de expedientes, escuchando a Los Abuelos de la Nada o a Charly García.

El montaje es otra de las apuestas de Mitre, que hace el film más atractivo. Si bien es el elemento fundamental del séptimo arte, no es raro ver dramas históricos totalmente chatos, que no pasan del plano al contraplano. Acá utiliza todas las herramientas a disposición para resumir pasajes enteros que de otra forman serían difíciles de seguir. Es destacable aquella escena en la que recolectan testimonios para el juicio. Los díalogos se intercalan entre las víctimas, la cámara se mueve entre ellos, las imágenes se funden con titulares. Es un poco spielbergiano, y si se quiere incluso hasta tiene ciertos puntos en común con el mejor Sam Raimi. Hay convicción en ese montaje. La sintesis de la tarea imposible que se encomendó a Strassera, quien fue acompañado por Luis Moreno Ocampo y otros jóvenes asistentes.

Sin embargo, Argentina, 1985 no esquiva los horrores de la dictadura. Pero en vez de mostrarlo de manera explícita, reconstruye escenas del juicio, que seguramente hoy pueden verse en Youtube, con gran oficio. Es que, a veces, no hay nada más elocuente que la verdad. Allí, Mitre hace foco en los rostros de las víctimas y el fiscal, y no es casual que sean los pasajes más emotivos del film.

Cuando uno sale de ver una película con Ricardo Darín, siempre piensa que fue su mejor actuación. Sin embargo, en este caso, parece haberlo logrado. Su fiscal es insuperable, es quizás el mejor personaje malhumorado que ha hecho en su carrera y quizás del cine argentino. Darín tomó la decisión actoral, acertada sin dudas, de interpretar al fiscal y no imitarlo. Si uno escucha el famoso alegato del «Nunca Más» , notará que Strassera tenía una voz un tanto chillona. Sin embargo, el actor nunca opta por esa vía. Elige los gestos mínimos, los silencios, hablar a través de los cigarrillos que prende. Podría ser tranquilamente un detective de grandes policiales. Y ahí lo acompaña muy bien Peter Lanzani, quien de a poco se configura como el mejor actor de reparto que ha dado Argentina.

Mitre siempre habla de política en sus películas. Pero parece enfocarse en lo que genera la política, en las consecuencias personales, sociales y colectivas que provoca y no en figuras o partidos políticos en particular. Así se pudo ver en El Estudiante (2011), donde muestra la política universitaria sin hablar de Franja Morada, y en La Cordillera (2017), donde se anima a las relaciones internacionales sin hacer referencia a ningún lider en particular. Si toma aquella decisión consciente de la polarización que vive el país hace décadas es algo que puede explicar él sin dudas. Pero como buen cineasta, uno cree que no debe gustarle explicar sus decisiones.

Acá reduce a los dos grandes partidos políticos del país a un díalogo con un militante peronista que colabora con el fiscal y a una voz de fondo, que representa a Alfonsín. Los peronistas criticarán la película por «tibia» y enaltecer la figura del radical. Los radicales quizás se ofendan por no ver más del icónico lider. Lo cierto es que a Mitre parece importarle mostrar que no se trataba de política cuando se decidió juzgar a los militares. Se trataba de una cuestión moral, de que sus atrocidades rompían con cualquier pacto social y que no juzgarlos sería imperdonable para la vida democrática.

Mitre nos cuenta esto a través de chistes, canciones, diálogos punzantes, pero sobre todo a través de la figura, que más de uno se ha cruzado en su vida cotidiana, de un profesional que fuma demasiado, habla poco y putea mucho. El director nos habla de la Argentina, a través de un hombre común en una gesta extraordinaria.

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