Crítica de ‘KIMI’, de Steven Soderberg con Zoë Kravitz (HBO Max)

El director de 'Sex, Lies, and Videotape' (1989), 'Traffic' (2000), La triología Ocean´s, 'Contagion' (2011), 'Logan Lucky', y las recientes 'The Laundromant' (2019) y 'No Sudden Move' (2020), presenta 'KIMI', su segunda película para HBO Max.
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KIMI

Steven Soderberg cuenta con una filmografía sólida, sin embargo, es imposible notar en parte de sus últimas películas una realización incompleta y salida de paso. Atrás quedaron las cuidadas milemetricamente tramas de Ocean’s Eleven o la no tan lejana Logan Locky. En KIMI, pasa lo mismo que con The Laundromat, films que inician con una fuerte premisa pero al cabo de la mitad de la película pierden todas las cartas que tenian a su favor. Lo que inicialmente parecía ser un mix moderno entre la Blow Out de Brian de Palma y Rear Window, terminó siendo un suceso sin climax.

KIMI (2022). Dirección, fotografía y edición: Steven Soderbergh. Guion: David Koepp. Elenco: Zoë Kravitz, Byron Bowers, Rita Wilson, Robin Givens, India de Beaufort, Emily Kuroda, Jaime Camil, Alex Dobrenko, Derek DelGaudio, Charles Halford, Jacob Vargas. Música: Cliff Martinez. Duración: 89 minutos. Nuestra opinión: Regular.

Zoë Kravitz interpreta a Angela, empleada de una empresa que vende un altavoz inteligente como los Amazon Echo Dot (Alexa) llamado KIMI. A su vez, es una persona que sufre de agorafobia, enfermedad que no le permite salir de su casa. Síntomas que se agravaron luego del encierro por la pandemia. Su trabajo consiste en escuchar ordenes que KIMI no pudo responder y arreglarlas. Es ahí donde cree escuchar un crimen. En una muy buena escena que responde a la pregunta de, cómo haría el Travolta de Blow Out para escuchar un crimen en estos tiempos, Angela confirma el asesinato a una mujer.

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Cabe destacar la buena actuación de Kravitz, la modesta duración de la cinta y el uso de la cámara de Soderbergh (encargado de la fotografía) grabando dos películas diferentes. Una balanceada en la que Angela está en su casa y otra que sufre de vertigo cuando está afuera. Sin embargo, el guion de David Koepp es bastante flojo. En la mitad ya sabemos quién está detrás del asesinato. Incluso algunos más atentos lo podrán descubrir en los primeros minutos. Tiempo gastado en una persecución que va hacia la nada misma. Dos «asesinatos a sueldo» inmirables y una resolución del problema bastante infantil. Un film que no cuenta con un climax. Pagar la boleta de luz en la pandemia fue más difícil y emocionante que el final de KIMI.

No es necesariamente culpa del modelo de negocio que manejan las plataformas de streaming, pero cada vez más se ven película en esos lugares que tiene la idea de una idea, pero no cuentan con un desarrollo propio. Es más bien algo de contenido para un tráiler. Algo que si saben vender bien.

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