Crítica de la saga ‘Divergente’, basada en las novelas de Veronica Roth

La saga de 'Divergente', creada originalmente por Veronica Roth en sus novelas, constituye un pilar de las historias hechas para adolescentes.
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Es difícil para una película hacerle honor al libro del que parte. Resulta un gran desafío comprimir los escalofríos, las emociones, en una hora y media. Es el sacrilegio de reducir aquello que el lector imaginó cuando leía las descripciones a un breve plano de lo descrito. Sin profundizar demasiado en esta fidelidad o no en la comparación libro-película, la saga Divergente representa un buen tributo a la distópica producción de Veronica Roth

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Desde que Beatrice Prior (Shailene Woodley) tiene memoria, Chicago no es sólo su ciudad natal; es también la única ciudad de la que escuchó hablar jamás. Amurallada por una gran valla, sus habitantes se encuentran aislados del exterior. La sociedad se encuentra organizada en facciones a las cuales los individuos son asignados según sus cualidades: Verdad, un distrito abocado a hallar la visión más precisa de la realidad, poblado por gente absurdamente honesta; Abnegación, donde la solidaridad y el altruismo son mantras; Osadía; el equivalente a un ejército de Chicago, encargados de defender la ciudad de amenazas internas y externas; Cordialidad, compuesta por gente feliz y bondadosa y; Erudición, quienes, en afán de la búsqueda máxima de conocimiento, son capaces de todo.

¿Suena conocido, verdad? No es la única saga distópica estructurada en sectores, en donde cada uno se ocupa de distintas tareas para un funcionamiento relativamente estable de la sociedad y en donde, además, la posibilidad de reversión recae sobre una mujer luchadora, ¿no es así, Katniss? Se trata de una sociedad notablemente abatida por un sistema que, entre otras ineficacias, deja a gente afuera.

Es verdad también que el argumento repite ciertos esquemas predecibles: un poder que gobierna por encima del resto ocultando la verdad de un hecho o tergiversándola a su favor para el manejo de masas; personajes de postura indeterminada respecto a la de nuestra protagonista (¿son amigos o enemigos?); y una conspiración olfateable a kilómetros. Pero hay otros rasgos que estimulan tanto al lector como al espectador. ¿Qué hay traspasando el gran muro que separa Chicago del resto del mundo? ¿Qué hay en el resto del mundo? ¿Por qué Chicago está aislada, como en un pequeño gran enclave urbano? ¿Existe algún peligro motivo de este hermetismo?

La dosificación de información, recurso clave a la hora de formular un guión y de fabricar una historia, es lo que en Divergente se traduce en una gran desesperación por obtener respuestas. Con esto, a medida que la historia avanza, el espectador especula y elabora inconscientemente hipótesis. Apuesta a un porqué, a una traición, para que luego un giro inesperado desestime todo.

A diferencia de otras producciones distópicas juveniles (como The Giver o Ender’s Game—o incluso a diferencia de otras obras clásicas literarias como 1984 o La Naranja Mecánica—), la franquicia propone un filme con escenas de acción bien elaboradas, pero paralelamente oferta la entrega de un mensaje. Un mensaje para la humanidad.

Es una saga ampliamente disfrutable de ver. Es cumplidora, siempre que no se pretenda de ella una intención disruptiva, transgresora de este género. El uso preciso de efectos visuales favorece la inmersión en la trama y hace más verosímil la versión alienada de la sociedad que plantea la autora. Si te gustó Los Juegos del Hambre, Divergente no representaría para vos ningún tipo de apuesta. Seguirías manteniéndote en un terreno seguro, similar, sólido y atrapante. Tanto su lectura como su visualización resultan sobradamente recomendables. 

Fichas en IMDb.

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