Crítica de ‘Top Gun: Maverick’, de Joseph Kosinski con Tom Cruise

La secuela del icónico film de los ochenta se configura como un gran espectáculo visual con un gran Tom Cruise pero floja en ideas.
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Desde la década pasada, la figura de Tom Cruise se agigantó. Se volvió, por mérito propio y a la vez por una industria cada vez homogeneizada por el emporio Disney, la última gran estrella de Hollywood. El último actor que no requiere presentación, cuya silueta es reconocible y que año por medio saca una película que cientos de personas ven sin pensarlo porque “es la nueva de Tom Cruise”.

El protagonista de Top Gun es un tipo raro. Su vida privada, luego de su segundo divorcio con Katie Holmes, es un misterio. Se sabe que es cienciólogo, que ve una película nueva al día, que entrena y se cuida, que es increíblemente exigente con la gente que trabaja, está muy atento a las novedades, pero nunca dice cuáles son las películas de su preferencia y directrices.

En sus últimas películas, como productor, director o guionista. siempre aparece el mismo nombre: Christopher McQuarrie. El cineasta parece ser quien más entiende lo que quiere Cruise en pantalla: ser un superhombre, alguien capaz de las hazañas más inalcanzables, pero a la vez lograr la empatía.  Jack Reacher, Edge of Tomorrow, las últimas dos Misión Imposible y Top Gun tienen sus aportes y el objetivo que atraviesa todas esas películas es lo mismo: brindar un espectáculo de primer nivel, lo más realista pero ridículo a la vez. El actor corre, se golpea, se sube a vehículos, en esta última, literalmente vuela aviones de combate. El artificio existe, pero es sumamente vibrante. No hay serie de televisión o película que se le parezca.

Top Gun: Maverick (2022). Dirección: Joseph Kosinski. Elenco: Tom Cruise, Miles Teller, Jennifer Connelly, Jon Hamm, Glen Powell, Lewis Pullman, Charles Parnell, Bashir Salahuddin, Monica Barbaro, Jay Ellis, Danny Ramirez, Ed Harris y Val Kilmer. Guion: Ehren Kruger, Eric Warren Singer y Christopher McQuarrie. Fotografía: Claudio Miranda. Edición: Eddie Hamilton. Música: Lorne Balfe, Harold Faltermeyer y Hans Zimmer. Duración: 130 minutos. Nuestra opinión: Buena.

En los tramos de combate aéreo, Top Gun Maverick brilla. Las tomas desde las cabinas y los vuelos cerca del suelo erizan la piel y con gran pericia técnica, el sonido acompaña y el montaje es claro, se entiende quién se enfrenta a quién. Ese cuidado técnico se aprecia también en las escenas que ocurren en el medio de cada gran despliegue. Los primeros planos toman toda la pantalla y hay mucha confianza en los realizadores en mostrar un film visualmente impecable, cuidado. Otra vez, difícil de comparar con la tele u otros films industriales. 

Val Kilmer lucha desde hace años contra un cáncer de garganta por el que casi no puede hablar y su salud es muy frágil. Hay un documental muy bello sobre sus últimos años en Amazon. Los cineastas toman la decisión de mostrarlo así, con un nivel de dignidad pocas veces visto para Hollywood. Kilmer es la prueba viviente del paso del tiempo en la película y fuera de ella. Cruise no se caracteriza por ser el actor más sensible, pero en esa escena puntual se lo ve realmente golpeado. El tiempo nos llega a todos y ahí quizás esta la idea más valiosa y la mejor escena de la película.

Kelly McGillis, quien era el interés romántico en la primera Top Gun, ni siquiera es nombrada en el film. Ella no murió, simplemente envejeció “normal” fuera de los cánones de Hollywood, engordó y hace años no actúa. Es extraño pensar porque a Kilmer, que realmente tiene la salud deteriorada, le dan la oportunidad de mostrarlo diferente, pero en el caso de la mujer, la reemplazaron por la hermosa y talentosa Jenifer Connelly, una actriz que envejeció “bien”, que tiene cincuenta, pero parece de 30, que se le notan las arrugas pero no tanto. 

Y ahí hay otro punto interesante: Hace por lo menos dos décadas que Cruise no tiene química alguna con sus “intereses románticos”. Hay más tensión sexual en las escenas cotidianas entre la pareja de abogados de Better Call Saul, que en esta y varias películas del actor norteamericano. Esta falta de erotismo atraviesa toda la industria del país del norte: lo mismo es con la Roca o los films de Marvel. 

Ni siquiera hay histeriqueo como solía hacer Harrison Ford en los ochenta. No hay nada, pareciera que Hollywood le tiene miedo al sexo. Viggo Mortensen y David Cronenberg son los únicos que han hecho algo remotamente erótico en sus colaboraciones, pero están en los márgenes de la industria. La última vez que Cruise se mostró realmente interesado por una mujer es en Ojos Bien Cerrados, de Kubrick, cuando trata de convencer a una prostituta. Ahí hacía de un marido frustrado sexualmente.

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De política ni hablemos. La película elude directamente hacer referencia al país enemigo donde llevan adelante la misión que es el conflicto central del relato. Ni siquiera nombran un país imaginario o una geografía particular. Los pilotos rivales tampoco son mostrados, ni un rasgo, nada. No hay banderas ni idiomas. Quizás no querían ir contra los rusos, porque obviamente hay un conflicto vigente. O contra los chinos, porque ahí el mercado del cine yankee es gigante y no quieren perder tickets. En los ochenta el panfleto pro militar al menos era evidente: acá está lavado, un escenario donde quieren quedar bien con todos para hacer más vendible la película. No sé si es peor.

En Twitter se habla del concepto de “Legacy sequel” para referirse a la película, haciendo referencia a aquellas historias que actualizan una vieja historia y el protagonista pasa la posta a la próxima generación. Aquí entran las Creed y Tron Legacy (también dirigida por Joseph Kosinski el director de Top Gun 2), entre otras. Acá de alguna manera Tom Cruise, le pasa la posta…a sí mismo. En una movida extraña en su carrera, hay cierto intento en sus historias de pasar las responsabilidades a otro (pasaba en Misión Imposible 4, con Jeremy Renner) pero al final esto no se concreta. Acá debería pasar lo mismo con el personaje de Miles Teller, pero nunca llega a tener el protagonismo de Cruise y de hecho al final de la película él más viejo lidera la misión de los jóvenes pilotos.

Hay que decir que es una película muy nostálgica. Para aquellos fans de la primera (no me incluyo) hay múltiples referencias y conexiones con el film de 1986 de Tony Scott, desde ciertas escenas a la banda sonora. Hasta hay una escena bien homosexual en un film heterosexual como es la secuencia de juego en la playa. En la antigua era un partido de voley, donde los varones, todos aceitados y musculosos sacaban chapa entre ellos, hasta flexionando los músculos. Acá es football americano, uno de ellos tiene sobrepeso, pero está con remera y hay una chica morocha. Entró la corrección política, quedó de lado el homoerotismo accidental de una de las películas emblema de los ochenta. 

No hay que pedirle peras al olmo. No hay que buscar una reivindicación de las mujeres en una película de acción o reflexiones sobre la política estadounidense o una relectura del héroe americano. Para reflexionar sobre el héroe está Eastwood, para ver las ambigüedades de la guerra se puede ir a Spielberg que es un poco más pesimista o Kubrick que directamente es antibélico. Maverick es para ver los aviones a toda velocidad, y a gente linda bancandose primeros planos. En principio Top Gun era eso, su secuela lo actualiza, lo presenta con gran oficio. Eso en el cine actual es mejor que el 90% de lo que se proyecta*.

*Es muy antipático analizar ideológicamente una película, pero uno puede disfrutar de un filme sin coincidir con lo que plantean sus ideas. El cine no es un panfleto, es un arte industrial, para distraernos y en el mejor de los casos, hacernos pensar. Hay grandes filmes que logran ambas cosas, hay buenos filmes que cumplen uno de los objetivos. Y también cine muy malo, pero esa es otra historia.

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