Crítica de ‘El Paciente’, miniserie de Hulu con Steve Carell

En la miniserie thriller 'El Paciente', Steve Carell interpreta a un psicólogo cuya relación con un paciente se torna por demás de cercana.
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4.0 out of 5.0 stars

El pasado 30 de agosto la miniserie de la plataforma Hulu, El paciente, debutó sus primeros dos episodios en Estados Unidos. Será a fines de este año cuando llegaría a Latinoamérica, por la plataforma de Star+. Está conformada por diez episodios que se estrenan por semana y culminaría a finales de octubre.

Un hombre se despierta y parece estar confundido. Está acostado en una cama, se pone sus anteojos y trata de vislumbrar el lugar. Pero cuando intenta levantarse, escucha el ruido de una cadena y al mirar para abajo descubre que su tobillo está encadenado. La desesperación se desparrama desde su mirada hasta todo su cuerpo, y comienza a gritar por ayuda con toda su fuerza hasta que su voz se debilita.

Pero el intento es en vano. Nadie responde. Esos son los primeros minutos de El paciente, un thriller psicológico que reúne nuevamente como showrunners a los creadores de The Americans, Joel Fields y Joseph Weisberg. Luego, el relato se muda al pasado para que entendamos de donde proviene esta escena intensa, una muestra de lo que seremos testigos a lo largo de cada media hora de episodio.

‘The Patient’ (2022). Creadores y guiones: Joel Fields y Joseph Weisberg. Dirección: Chris Long, Kevin Bray y Gwyneth Horder-Payton. Elenco: Steve Carell, Domhnall Gleeson, Laura Neimi, Andrew Leeds, Linda Emond, Alex Rich y Amy Handelman, entre otros. Duración: 10 capítulos. Nuestra opinión: Muy buena.

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Alan Strauss (Steve Carell) es un psicólogo terapeuta de renombre. Un hombre de familia, que pareciera intentar tener hábitos sanos y la rutina como amiga incondicional. Su consultorio de terapia es un desfile de pacientes con distintas inquietudes. Pero hay un extraño paciente, Sam Fortner (Domhnall Gleeson) que solo discute de banalidades, no se saca los anteojos de sol y se muestra reservado de sus asuntos. Pero sobre todo, está incómodo de estar ahí. Ciertamente, su ingenioso terapeuta le cuestiona ingenuamente su prudencia, sin saber que está enfrente de un asesino serial que será capaz de secuestrar y hasta encadenarlo para obtener lo que siempre se imaginó. Sesiones en las que sabemos de que nada puede salir bien de ahí: un psicólogo encadenado en la habitación de la infancia de su paciente. Sam lo retiene a Alan y le afirma que simplemente necesita frenar los impulsos de matar. 

El paciente pareciera tener una premisa concisa y simple pero si nos adentramos es posible encontrar muchas aristas. Es sabido de los beneficios que tiene la terapia. Un arma poderosa para la auto-reflexión y conocimiento que nos permite encontrar el poder y el sentido a la vida y a las relaciones. Pero en la serie, toda la noción de terapia la lleva al extremo. Justamente porque, “el paciente” tiene una de las psiquis más complejas y desquiciadas que uno quisiera conocer o sentir y difícilmente genere empatía. ¿No es acaso la mente de un asesino uno de los temas más aterradores?

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Sin embargo, a medida que conocemos a Sam descubrimos a un personaje totalmente consciente de lo que hace. Pero que, al mismo tiempo, desea frenar esos impulsos asesinos porque de alguna manera sabe que algo no está bien. Mientras que el espectador comienza a entender que la fuente de todo mal es su pasado: víctima de abusos y una relación extraña con su madre, nos acorrala nuevamente: ¿Se puede empatizar? La historia juega con esa retórica aunque tiene momentos que los convierte en imposibles de olvidar de lo que Sam es capaz de hacer. La destreza de El paciente es el hecho de presentar a un asesino serial en una actividad tan mundana como la de sentarse en un diván, y genera una controversia que resulta hipnótica de ver y funciona a la perfección en su formato.

 Y como remate de esa encrucijada entre paciente y terapeuta, Alan es secuestrado por su paciente. Ahora lo que es su trabajo se convierte en su arma de defensa o destrucción, generando una tensión a la perfección. A su vez se suma a la retórica de antes, ¿será un verdadero análisis psicológico o una manipulación? A medida que la tensión crece, iremos conociendo también quién es este terapeuta, que como todo ser humano pareciera que no es tan perfecto y también puede tener sus disfuncionalidades.

 Como todo relato claustrofóbico, la historia se sostiene gracias a las actuaciones y  El paciente no se queda atrás. El trabajo de Domhnall Gleeson es totalmente admirable. El actor británico carga en su espalda uno de los grandes desafíos: representar a un asesino cubierto de varias capas que algunas dejan entrever que también es un ser humano. Steve Carell continúa animándose a un rango actoral más dramático y poco a poco pareciera alcanzar el tono justo. 

Nos espera la segunda mitad de El paciente. Sabemos que las opciones de su desenlace se verán arrinconadas y algún cauce tomará, pero solo habrá que llegar hasta el final. El cual de seguro valdrá la pena. Ésta es, sin lugar a dudas, una miniserie intrigante. Cargada de inquietud con momentos dramáticos bien ejecutados y sobre todo un relato de una situación insólita que juega con la psiquis de su visionado. 

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