Crítica de la segunda temporada de ‘Better Call Saul’, con Bod Odenkirk

Better Call Saul
La segunda temporada de Better Call Saul sigue la evolución de Jimmy McGill al conocido abogado de Breaking Bad.
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Better Call Saul

El legado de la primera temporada de Better Call Saul dejó para su audiencia una prometedora continuación de la serie. Y la segunda demostró efectivamente estar a la altura de este pendiente. Con un ruidoso final, esta temporada trae un poco más de lo mismo, pero profundizando más aún a nuestro querido Jimmy (Bob Odenkirk).

‘Better Call Saul’ (2015). Creadores: Vince Gilligan, Peter Gould. Elenco: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Patrick Fabian, Michael Mando, Michael McKean. Guión: Vince Gilligan, Peter Gould, Gordon Smith. Fotografía: Arthur Albert. Edición: Arthur Albert. Música:  Dave Porter. Duración: 10 episodios de 50 minutos aproximadamente. Nuestra opinión: Muy buena.

El espectador sagaz sabrá extraer la moraleja de al menos los primeros siete capítulos: no seas como los demás quieren que seas. Sé vos. Hacé las cosas a tu manera. Claro que, con el diario del lunes, es más fácil reconocer la fábula. Pero la serie nos acerca el proceso de Jimmy, su crecimiento. Lo vemos confiado, seguro, sólido, cuando recopila la información necesaria para ir armando lo que luego se transformaría en un caso de tal envergadura como para conseguirle un trabajo para una firma importante de abogados. ¡Un sueño hecho realidad!

O eso creíamos. Porque, a medida que la trama avanza, poco a poco vamos entendiendo que trabajar allí no es lo que realmente quiere. Desea hacerse valer. Desatar todo su potencial. Y está cansado de que, para hacerlo, tenga que seguir los parámetros que le marcan otros. Incluso cuando pareciera asociarse con Kim, y ésta le exige cierta escrupulosidad profesional, rechaza el pedido. En ese punto nos damos cuenta no sólo qué es lo que quiere Jimmy sino también lo consciente que está de ello: quiere ejercer como abogado pero en sus propios términos. Claro que esto a los espectadores nos genera cierta ansiedad… ¿Estamos más cerca del icónico Saul Goodman?

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Algo destacable en esta creación pormenorizada del personaje es su habilidad para “disfrazar” cualquier situación. Como en aquella oportunidad en la que usa una escuela para filmar un comercial, y recurre a sus creativas habilidades inventivas para que la directora no lo denuncie. Para el conocedor de la mítica serie argentina de Damián Szifron, las estrategias de Jimmy McGill son comparables con las de un simulador hecho y derecho. Aspecto que ya se nos había adelantado en Breaking Bad pero, por supuesto, en Better Call Saul lo podemos ver de cerca.

La serie juega con las situaciones que vive cada personaje y, de pronto y gracias a su guión, Mike (Jonathan Banks), tras haber protagonizado una categórica escena de acción, carga consigo el mismo peso que el propio Jimmy: cierta culpa por lastimar a quien no iba apuntada la bala…

Nuevamente ameritan mención las decisiones de fotografía. Hay un plano secuencia al principio del octavo capítulo que es sublime. Es hasta satisfactorio de ver, ni hablar hipnótico. En un momento un personaje necesita atención médica de urgencia, y el plano de éste mientras lo transportan en camilla y lo atienden es sumamente verídico. Se eligió un plano cenital de la cara del paciente, contrario a lo que se suele hacer que es enfocar los rostros de los médicos desde la camilla. Se transmite muy fidedignamente el sentimiento de impotencia y de estar entregado a la diligencia del personal médico. La toma genera esa dependencia y confianza plena en el desconocido que te está por operar. Habla nuevamente bien de la fotografía, puesto que normalmente para este tipo de escenas se usa el plano desde abajo, mirando al personal. Pero en realidad sucede como nos muestran en Better Call Saul: uno ve el techo, ve luces, se queja de ellas y oye voces, cifras, números, procedimientos, y confía porque no le queda otra, en que todo va a estar bien.

Nuevamente, Better Call Saul representa un desarrollo elevado de personajes. Conocemos casi todas las facetas de Jimmy, y nos muestran los verdaderos colores de Chuck (Michael McKean). Resulta difícil perder la continuidad, puesto que termina resultando una serie adictiva de ver. Como en Breaking Bad, las cualidades más sobresalientes de la serie son sus actuaciones, su guión y su fotografía. En esta oportunidad no hay muchos planos detalles de objetos. Pero eso sólo habla de lo criteriosos que son para no abusar de este recurso tan bien empleado por ellos. Resulta una genuina alegría que se esté grabando la quinta temporada.

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