Crítica del ‘El Señor de los Anillos: Los Anillos del Poder’ (Amazon Prime Video)

La serie precuela de la mítica trilógia basada en los libros de Tolkien, 'Los anillos del poder', estrenó su último capitulo en Prime Video.
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3.0 out of 5.0 stars

Habiendo visto los ocho episodios de la primera temporada de Los Anillos del Poder, la precuela del Señor de los Anillos producida por Amazon, uno tiene la sensación de que no ha pasado mucho. Y es que es una serie, que a la manera de su autor,  J.R.R Tolkien, está más pendiente en describir los usos, costumbres y detalles de ese mundo imaginario que es Tierra Media, que realmente transformarse en un relato trepidante y lleno de suspenso.

El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder (2022). Creadores: Patrick McKay, John D. Payne. Dirección: J.A. Bayona, Wayne Yip, Charlotte Brändström. Guion: Patrick McKay, John D. Payne, Jason Cahill, Justin Doble, Gennifer Hutchison. Elenco: Cynthia Addai-Robinson, Robert Aramayo, Owain Arthur, Maxim Baldry, Nazanin Boniadi, Morfydd Clark, Ismael Cruz Córdova, Charles Edwards, Trystan Gravelle, Sir Lenny Henry, Ema Horvath, Markella Kavenagh, Tyroe Muhafidin, Sophia Nomvete, Lloyd Owen, Megan Richards, Dylan Smith, Charlie Vickers, Leon Wadham, Benjamin Walker, Daniel Weyman, Sara Zwangobani. Fotografía: Aaron Morton, Alex Disenhof, Oscar Faura. Edición: Jochen FitzHerbert, Jaume Martí, Bernat Vilaplana, Stefan Grube, Cheryl Potter. Música: Bear McCreary. Duración: 8 episodios. Nuestra opinión: Buena.

Los Anillos de Poder, creada por Patrick Mckay y John D. Payne, apuesta a mantener el tono de la trilogía cinematográfica dirigida por Peter Jackson y sobre todo el material de origen: los tres tomos escritos por aquel buen hombre inglés, veterano de guerra y sus subsecuentes apéndices. Si uno lee la trilogía, pareciera que Tolkien está más preocupado por describir los árboles genealógicos de sus personajes, los códigos y pugnas entre las distintas razas y hasta sus territorios y fronteras. Y apenas dedicar un par de líneas a la psicología de los protagonistas e incluso su aspecto físico.

Cada capítulo entonces de esta primera temporada, se toma su tiempo y mucho, en describir cómo era el mapa de Tierra Media en la Segunda Edad, la Edad de Númenor, previa a la Tercera Edad, que es la que describe la trilogía principal. Aquí los humanos, elfos y enanos viven en sus reinos, en una aparente paz. Solo aparente porque el regreso de Sauron siempre está cerca y de ahí, en términos modernos, las razas inician una carrera armamentista para poder enfrentarlo.

La serie apuesta entonces a la descripción y motivaciones de cada personaje: Galadriel y Elrond del lado de los elfos, Durín del lado de los enanos, el reino de Númenor del lado de los humanos y los “Harfoots”, antepasados nómadas de los Hobbits que todos conocemos. Y también el peligro inminente que se hace real, de los orcos fortalecidos bajo un nuevo líder, Adar. 

Como todo relato coral, hay mejores pasajes de otros. Los momentos más inspirados pasan entre Elrond, elfo y su amigo, el príncipe Durín. Allí, entre largas conversaciones, por distintos capítulos, se ponen en tensión la amistad que se profesan ambos con las ambiciones políticas de la raza a la que pertenecen. Si en la saga de Jackson esa camaradería se resumía a algunos diálogos entre Légolas y Gimli, acá es diseccionada. Traicionar una amistad es aún más grave que traicionar a una causa, o mejor dicho ambas causas son igual de importantes. Esa idea, central en la obra de Tolkien, se mantiene en la serie.

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Pero hay que ser honestos, es difícil pensar que el público moderno, impaciente o para quienes no son aficionados a Tolkien, disfruten de largas conversaciones sobre un metal precioso, tan poderoso que puede significar la salvación de un pueblo (motivo del conflicto entre el elfo y el enano). Las series de hoy, las más populares, y particularmente las de género fantástico, se basan en la sorpresa, el shock value, el sadismo y la inmoralidad de sus personajes. 

Nada de eso hay en Los Anillos de Poder. Tolkien no se caracterizó nunca por su ambigüedad moral. Las fuerzas del bien y el mal estaban delimitadas literalmente por colores (los orcos seres oscuros y putrefactos y los elfos, prístinos e inmortales). Algún despistado apuntará a un racismo velado, algo que no se sostiene mucho, ya que el eje de las historias es la colaboración entre pueblos para vencer a un mal mayor. Es un relato clásico, fundado en varias historias y mitos europeos, de los que Tolkien era un experto. No hay ni habrá eventos como la Boda Roja, de Game of Thrones. El relato pasa por la importancia de la vida en comunidad y mantener las costumbres de cada pueblo: su lenguaje, sus fronteras, sus vestimentas y formas de vida. 

Si hay cierta línea argumental que es un poco más fuerte y describe el camino de Galadriel, quien bajo una nueva interpretación, se presenta como una guerrera incansable. Y sobrevuela el misterio de quién es Sauron en su representación “terrenal”, que se resuelve recién en el capítulo final y que de alguna forma, hace caer en la cuenta de todas las pistas que se dejaron a través de los capítulos.

¿Vale la pena entonces? Visualmente es la mejor serie que se ha realizado en los últimos años. La calidad de vestuarios, fotografía, efectos visuales y banda sonora no tienen parangón. En términos de historia, de ser una serie atrapante, capítulo a capítulo, quizás no triunfa tanto. 

Pero como reinterpretación y complemento de lo ya escrito y producido sobre el mundo Tolkien, mantiene el espíritu de la obra. Y eso es importante. Porque es mejor una serie que quizás no sea tan lograda desde lo narrativo (que por otro lado, es la primera temporada y se le puede dar el beneficio de la duda) pero que no traicione, que no tome el esqueleto de los personajes y escenarios de Tolkien para contar otra cosa.

PD: La familia Tolkien tiene poder de veto sobre los proyectos que se realizan en base a la obra del autor, por lo que se entiende que es una serie “aprobada” por quienes se encargan justamente, de mantener un respeto por las ideas del creador de ese mundo. 

PD2: La influencia de Peter Jackson se nota sobre todo en los primeros dos episodios, dirigidos por J. A. Bayona, gran director de género español. De hecho la serie tiene el tono reposado de la primera película del Hobbit, criticada justamente por su lentitud.

Agradezco las correcciones y aportes de Fabricio Billiardi, conocedor de la obra de Tolkien, quien me explicó los detalles que se me escapaban a mi, un mero lector de la trilogía y fanatico de la versión cinematográfica de Jackson.

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