Crítica de ‘Buena suerte, Leo Grande’, de Sophie Hyde con Emma Thompson

La actriz Emma Thompson regresa a la pantalla grande como nunca antes vista en una historia entrañable sobre la mediana edad y el placer femenino.
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Buena suerte, Leo Grande

Llegar a la tercera edad y ser mujer es una combinación que muy pocas veces se debate en el cine, aunque podemos pensar en algunos ejemplos: aquellas historias tan frescas y cautivadoras que nos regaló la directora Nancy Meyers como en Alguien tiene que ceder y Enamorándome de mi ex, con las insuperables Diane Keaton y Meryl Streep respectivamente. Ambas actrices hicieron papeles icónicos que nos invitaban a poner foco en que la mujer adulta puede animarse a seguir sus instintos, patear el tablero y, por más cliché que suene, ser felices, ahí donde radica el verdadero poder femenino. En Buena Suerte, Leo Grande, la directora Sophie Hyde junto a la creadora y guionista Katy Brand, develan la invisibilidad de la mujer en la tercera edad, un tema que muchos discursos le escapan.

Buena suerte, Leo Grande (2022). Dirección: Sophie Hyde. Guion: Katy Brand. Elenco: Emma Thompson y Daryl McCormack. Fotografía: Bryan Mason. Edición: Bryan Mason. Música: Stephen Rennicks. Duración: 137 minutos. Nuestra opinión: Buena.

Emma Thompson es Nancy Stokes, una viuda y docente retirada quien siempre se comportó bajo las reglas y de lo único que está segura es que nunca tuvo ‘buen sexo’. Sin embargo, finalmente se decide a conseguirlo. A través de un plan meticuloso y detallado sobre todo lo que espera de este despertar sexual, Nancy contrata a un trabajador sexual que se hace llamar Leo Grande, interpretado por Daryl McCormack (Peaky Blinders), un joven irlandés seductor, irresistible, pero sin tanto fanfarroneo. Es el encargado de cumplir esta búsqueda.

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La película tiene un cierto dejo de lenguaje teatral ya que gran parte ocurre en la habitación de un hotel pulcro y se divide en cuatro partes que representan los cuatro encuentros que tanto Nancy como Leo bailan alrededor de la idea de tener sexo, un baile que los aproximará a un encuentro inesperado con su interior. Una habitación que genera intimidad, miradas, diálogos reflexivos y un poco de risas.  Como cualquier interacción humana, la película nos demuestra que es imposible no sacar las capas que cubren a la cebolla. Es difícil evitar caer en profundizar una relación entre dos personas para que un acercamiento se sienta real. Sin poder evitarlo, Nancy en su verborragia, miedos e inseguridades, encuentra una mujer que se supera a ella misma, sale de su mandato y se anima a conectar con su interior, con su cuerpo hasta con sus ideas.

El film es tan sentido y tan real que permite que cualquier mujer en el mundo pueda verse reflejada desde el otro lado, sin importar la edad que tenga. Y todavía parece más creíble, cuando nos enteramos, ya que lo ha dicho en varias entrevistas, que la actriz también tuvo que recorrer un camino de aceptar su cuerpo. Es así como en una de las escenas, me atrevo a decir, más valientes de su carrera, la gran actriz, a sus sesenta y tres años se mira en el espejo, desnuda logrando una conexión tan vívida. En su mirada vemos a Nancy abrazar cada centímetro de su piel. Deja al desnudo que el amor propio es lo que lleva al placer de cada encuentro, con uno mismo, con otros, con el mundo. El placer de estar vivo.

Buena suerte, Leo Grande es una historia íntima de superación femenina que invita a derribar los propios prejuicios para lograr encontrar el placer en la vida y por qué no en la cama.

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