Crítica de la tercera temporada de «Master of None», serie de Netflix

Luego de tres años, Master of None vuelve para una temporada centrada en el personaje de Denise en una crónica de un matrimonio fallido.
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Lena Waithe y Naomie Ackie en la tercera temporada de Master of None

Estamos atravesando una época donde la soledad se va vuelto más presente en las historias masivas. Desde los grandes Westerns donde el individuo solo asemejaba la melancolía con el gigantesco desierto, hasta los films del Nuevo Hollywood donde la sociedad marcaba la pauta, el gran público siempre terminaba relegando los momentos de conciencia interna a un costado. Hoy, hay un cierto interés en la exploración de las relaciones. Específicamente en como dos personas muy juntas pueden estar realmente muy apartas. La tercera temporada de Master of None explora la modernidad y crudeza de un matrimonio, pero no como un conjunto, sino como dos entes diferentes que viven distintos momentos.

Master of None (Netflix). Creador: Aziz Ansari y Alan Yang. Dirección: Aziz Ansari. Guion: Aziz Ansari y Lena Waithe. Elenco: Lena Waithe y Naomi Ackie. Duración: 5 episodios (192 minutos). Nuestra opinión: Muy buena.

Las primeras dos temporadas de Master of None fueron reconocidas entre lo mejor que tenía Netflix para ofrecer. La serie creada por Aziz Ansari y Alan Yang contaba con los desamores y relaciones de Dev (interpretado por el mismo Ansari), en un tono humorístico bajo un tono muy real y cotidiano. Bañado además con una gran cantidad de referencias y tintes cinéfilos de casi todas las épocas que la hacía muy disfrutable. Terminada la segunda temporada con un cliffhanger, todos esperábamos con ansias una nueva entrega. Sin embargo, el escándalo sexual vivido por el creador y protagonista colocó en pausa la producción. Tres años después, y sin mucho aviso, llega Master of None: Momentos de amor, una crónica de un matrimonio fallido centrada en el personaje de Denise (Lena Waithe).

Durante cinco capítulos con tiempos muy disparejos presenciamos las diferentes etapas del matrimonio de Denise con Alicia (Naomi Ackie). Denise, quién ya conocemos como una persona seria, se encuentra viviendo un momento de gran éxito por la publicación de su primer libro, pero al mismo tiempo aterrada por el reto de escribir una segunda obra. Naomi por su parte es más bien una mujer bastante alegre y optimista con el deseo de tener a un bebe. A Denise no se le ve tan convencida pero aun así acepta. Luego de un intento fallido por un aborto, y un par de infidelidades, la relación termina y se produce el divorcio. Durante los demás episodios veremos como ese amor se sigue consumiendo e influyendo en las decisiones que tomen cada una de ellas. Todo para terminar en el mismo lugar. Dos personas destinadas a estar juntas que viven diferentes momentos.

Esta temporada cuenta con algo muy especial que la hace ganarse el termino de cinematográfico. Sí, es una serie, no es lo mismo. Sin embargo lo que diferencia al cine con las demás artes es el plano. Aquello que transmite el aquí y el ahora. No es el guión, no son los efectos especiales ni los personajes. Es como el ojo humano acompaña la puesta en escena. Un ejemplo claro de esto es el cuarto episodio de esta temporada, el cual creó firmemente que estará nominado al mejor guion en los próximos Emmys. Alicia, ya divorciada, continua con su deseo de tener un bebe. Para eso decide someterse al doloroso y costoso proceso de fertilización in vitro. Después de un difícil camino hace su primer intento. El encuadre con el que vemos como se realiza la prueba es un plano americano. Como espectadores estamos un poco alejados. Queremos que a Alicia le vaya bien, pero sinceramente nos da miedo toda la situación. La cámara consciente de eso se aleja. Acto seguido la fertilización falla y nuestro personaje pierde las esperanzas. Solo hasta que decide ser «una ruda perra» y volver a intentarlo. Para la segunda vez que vuelve a probar la fertilización, la cámara decide estar cerca de ella, casi como si le estuviéramos agarrando la mano. Somos nosotros los que ahí y ahora, juntamos fuerzas para que le vaya bien. Acto seguido, Alicia está embarazada. Master of None entiende al plano y a la puesta en escena como el anclaje narrativo.

La serie está repleta de estos momentos humanos donde la escena respira sola y sin ninguna necesidad de aferrarse al guión. Grabada en un aspecto de radio 4:3 y bajo grano fílmico digital, Ansari quien dirige todos los episodios captura solo tomas estáticas mantenidas durante largos momentos mientras que los actores se mueven y hacen su vida durante las tomas. Por momentos puede llegar a ser un poco aburrido, más si eres de las personas que tienen la necesidad de estar siempre con el teléfono cerca. Sin embargo, esto se trata de un homenaje a Scene From a Marriage de 1973, una miniserie (después re-editada como una película) de Ingmar Bergman, que usaba la misma técnica.

Master of None en general es una serie que invita al espectador a repensar aquellas imposiciones que la sociedad establece como correcta. Desde estudiar medicina o leyes hasta casarse. Esta temporada no será tan dinámica como las anteriores, pero es mucha más madura. Ansari, que solo tiene dos apariciones pequeñas, entiende que el mundo devora las situaciones y las personas sin una reflexión anterior permitida. Él es un vivo caso, hace tres años estaba totalmente cancelado y hoy es aceptado y perdonado por muchos. Esa complejidad de que para alguien el mundo se acaba repentinamente, es traducida en esta temporada a momentos crudos y de amor.

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