Crítica de ‘Prey’ (Depredador: La presa), de Dan Trachtenberg con Amber Midthunder

La séptima película del universo de Depreador llegó de la mano del streaming. El resultado es de un alto nivel si la comparamos con sus más recientes antecesoras.
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Prey

Depreador (1987) dirigida por John McTiernan y protagonizada por Arnold Schwarzenegger fue recibida en su momento con críticas mixtas. Sin embargo, se convirtió instantáneamente en un clásico de la década. Incluso, tuvo una secuela bastante digna. Pero, tras un par de fallidas uniones con el mundo de Aliens y otros dos intentos en solitarios, el film paso a ser una referencia del género a una franquicia más desgatada. Por ello, al saber que se haría una nueva película era muy pocas las expectativas. Pero para sorpresa, Prey (esta vez alojada en un servicio de streaming) logró honrar el espíritu de su primera entrega recordando la esencia de este mundo, los cazadores serán cazados.

Prey (2022). Dirección: Dan Trachtenberg. Guion: Patrick Aison. Elenco: Amber Midthunder, Dakota Beavers, Dane DiLiegro, Harlan Blayne Kytwayhat, Michelle Thrush, Geronimo Vela, Stefany Mathias. Fotografía: Jeff Cutter. Edición: Claudia Castello, Angela M. Catanzaro. Música: Sarah Schachner. Duración: 99 minutos. Nuestra opinión: Buena.

Ambientada en el siglo XVIII, la historia gira en torno a Naru, una joven integrante de los Comanches, una tribu amerindia nativa de la Comanchería, territorio que se extendió a casi todo lo que sería hoy el suroeste de Estados Unidos. Naru, interpretada por Amber Midthunder (Legion), es una guerrera y cazadora por naturaleza. Sin embargo, al ser mujer nadie espera eso de ella. Su madre insiste en que se dedique a aprender la medicina y recolectar frutos. Su hermano, quien es el mejor luchador de la tribu, por otro lado, la apoya tímidamente, pero duda que pueda realizar su kühtaamia, ósea su primera caza. En este contexto, un Depreador llega a la tierra. Del cielo cae el reto que tanto ha esperado.

Probablemente el principal motivo del porque las últimas películas de esta franquicia no terminaban de funcionar estaban vinculadas a la complejidad desmedida sin razón. Claramente al ser seres de otros mundos, y como cualquier otra cinta de ciencia ficción, hay licencias para lo grandilocuente. Pero lo que precisamente hace que una historia de este género sea una buena película, es ver sensaciones, deseos y dilemas primitivos dentro de lo inabarcable que puede ser el universo. Allí el éxito de Prey, que en un dialogo entre Naru y su madre queda perfectamente ejemplificado. La madre le pregunta por qué está empeñada en la cacería, a lo que ella responder: «porqué ustedes creen que no puedo». Todo un mundo explicado en seis palabras.

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Prey busca volver a los orígenes de la franquicia. Entiende a la perfección lo que quiere. Aprovecha los recursos de la época y de los elementos dentro de la cultura de los Comanches para tener muy buenas escenas de acción y caza. Además, le saca todo provecho a un gran personaje femenino que debería ser la nueva heroína de muchas niñas. En general lo que podría ser algo considerado como una historia chica y simple, termina elevando a toda una saga.

Vale la pena mencionar que la historia en una autentica representación del mundo Comanche con un elenco compuesto de personas con raíces en los pueblos originarios de América, convirtiéndose así en la primera película en estar doblada en el idioma de la tribu. Existe un interese genuino en contar una buena historia con todos sus componentes, un gran acierto del director.

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