La serie más popular de la década llegó a su fin. Esta es nuestra crítica del final de ‘Stranger Things’.

Desde su estreno en julio de 2016, Stranger Things no pasó desapercibida. Una serie que cargaba con la nostalgia desde sus inicios, con el regreso de Winona Ryder como figura central y un elenco infantil que, poco a poco, se fue ganando el corazón del público. No solo se convirtió en un fenómeno dentro del mundo de las series, sino que su impacto fue profundamente cultural. Aunque Netflix ya contaba con producciones originales como House of Cards u Orange Is the New Black, ninguna alcanzó el nivel de esta. Una serie que no solo atrapó a los más chicos, sino también a una generación mayor, gracias al uso de la nostalgia ochentosa: ambientada en esa época, con música que nos transportaba y tramas que remitían al cine que marcó a toda una generación, como E.T., Stand by Me o Los Goonies. Esto fue lo que nos pareció el final de Stranger Things.
Ahora hablemos del final. ¿Estuvo a la altura? Debemos decir que, en dos horas, era imposible cerrar bien la historia, y así fue. Aunque se dio fin a casi todas las tramas, varias cosas quedaron sin responder. Algunas de ellas: ¿los militares realmente se fueron de Hawkins?, ¿qué pasó con la doctora Kay?, ¿Vicky y Robin terminaron juntas?
Pero, antes que nada, la batalla final contra Vecna/ Eleven Desollamentes no estuvo realmente a la altura. Una batalla final debería ser épica, tener acción, contar con bajas del grupo o incluir momentos de alta tensión. Nada de eso ocurrió. La tan esperada confrontación duró apenas siete minutos, en los que todo parece acelerado para darle lugar a un epílogo de más de media hora.
Se entiende completamente que la serie apueste por lo emocional, pero faltó más acción y un verdadero enfrentamiento con el villano principal. Aunque descubrimos el origen de Henry como Vecna y su unión con el Desollamentes, todo lo que ocurre después termina convirtiéndolo en un antagonista que no resulta tan poderoso como parecía en un comienzo.
Para ayudar a la trama y a los héroes, como por arte de magia los demogorgons dejan de ser una amenaza, y el enfrentamiento de Vecna con el resto del grupo pierde fuerza: lo épico nunca termina de hacerse presente. Lo que sí merece destacarse es la actuación de Jamie Campbell Bower, quien demuestra a lo largo de este capítulo el amplio rango actoral con el que cuenta. Ojalá podamos verlo más seguido en la pantalla grande, porque en la pantalla chica ya tiene un nuevo proyecto en camino: se suma a la nueva temporada de The Rings of Power.

Y si retomamos el tema de la actuación, sus protagonistas han dejado bastante que desear, sobre todo Millie Bobby Brown, quien a lo largo de la temporada parecía no querer estar allí. Su falta de expresión y las escenas en las que era protagonista parecían hechas por obligación, perdiendo así parte de la esencia de su personaje.
En cuanto a Noah Schnapp, estuvo realmente a la altura de lo que el personaje necesitaba en este final. No es su mejor actuación con solo volver a ver la primera temporada nos damos cuenta, pero sí se destacó en los momentos en los que la trama lo requería.
Quien sí fue la revelación de esta temporada es Nell Fisher como Holly Wheeler, la hermana menor de Mike. Su personaje fue un punto clave en esta última entrega y, junto a Max, protagonizó una de las tramas más interesantes de la temporada. Sin dudas, también podemos sumar a Sadie Sink como uno de los pilares en cuanto a actuación: dentro del grupo principal, es quien entrega el trabajo más sólido en esta temporada final.
Pero vayamos a lo importante: ¿era necesaria la muerte de Eleven? Aunque había una gran posibilidad de que esto ocurriera, creo que no fue abordado de la mejor manera. A su final le faltó emoción. Si bien tenemos la despedida con Mike, ese encuentro no tiene el peso esperado. Al no desarrollarse su relación a lo largo de la temporada, su último adiós carece de la fuerza necesaria y termina sosteniéndose más por la elección musical, Purple Rain de Prince, que por el peso dramático de la escena. Además, no se les da tiempo a las reacciones del resto del grupo frente a la decisión de Once y pasamos directamente al epílogo de la serie.
El grupo se gradúa, con Dustin dando el discurso final y homenajeando a su amigo Eddie. Los jóvenes adultos (Jonathan, Steve, Nancy y Robin) se despiden en la azotea de la radio comprometiéndose a volver a encontrarse cada mes. Esta elección es rara para el verosímil de la serie. Aunque claro, los 4 personajes comparten la lucha contra Vecna, no hemos sido testigos de una amistad entre ellos como grupo.
Por un lado Robin y Steve, su unión es clara desde la tercera temporada y la relación entre Nancyy Jonathan no hace falta explicarla, pero el vínculo entre Nancy y Robin o Jonathan y Steven es casi nula. Por lo cual esta despedida de los personajes se siente un poco falsa.

Pero volviendo al grupo original, esa última partida de D&D en el sótano de Mike sí se siente real y transmite toda la nostalgia con la que la serie carga desde el principio. Terminar como empezó todo. En esa campaña donde todo parecía perdido, aparece un personaje que salvará a todos, la maga, y el grupo gana la partida, dando por finalizada la campaña definitiva.
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Quizás el momento más nostálgico es cuando Mike observa cómo un nuevo grupo ocupa su lugar en esa mesa de juegos, ahora liderado por su hermana Holly. Una nueva generación toma el mando y será la encargada de vivir nuevas aventuras. La niñez y la juventud deben quedar atrás para afrontar la vida desde el mundo adulto.
En un discurso en el que Mike asume el rol de narrador, nos cuenta cómo será la vida de sus amigos una vez que abandonen el sótano, crezcan y dejen Hawkins para siempre. Pero en esa narración se deja la puerta abierta a una posibilidad inquietante. La maga, que en este caso representa a Eleven, no se habría sacrificado realmente y, con el objetivo de proteger a todos sus seres queridos, habría fingido su muerte, con la ayuda de Kali, para escapar a un lugar alejado y comenzar una nueva vida.

Esto puede leerse como producto de la negación de Mike ante la pérdida de Eleven, pero también es cierto que realmente pudo haber ocurrido. La verdad es que no lo sabremos a menos que sus creadores lo confirmen. Aun así, es reconfortante pensar que su personaje no tuvo que sufrir, que pudo seguir adelante y conocer realmente el mundo. Creo que esta elección queda abierta para que los espectadores decidan si creen o no en esta teoría.
Como dijimos al comienzo de esta nota, Stranger Things fue más que una serie: fue un fenómeno que marcó toda una década. Definió a una nueva generación, utilizó la nostalgia como motor narrativo y su impacto fue tan grande que hoy se emplea como una poderosa estrategia de marketing para grandes proyectos audiovisuales. No solo lo vemos a nivel internacional, con franquicias como Jurassic Park o Beetlejuice, sino también en el plano nacional, con series como Margarita o el regreso de bandas como Bandana. Y si hablamos de música, sin dudas la elección de su soundtrack revitalizó clásicos como Running Up That Hill de Kate Bush o Purple Rain y When Doves Cry de Prince, aumentando en más de un 300% sus reproducciones en plataformas digitales.

Sin dudas, Stranger Things será recordada y se mantendrá viva por muchos años más. Se unirá al grupo de series que han tenido un impacto cultural y audiovisual junto a Friends, Game of Thrones y Breaking Bad. No, no tiene un final perfecto, pero ese pequeño tropiezo final no debería rebajar el esfuerzo ni el camino que construyó durante una década. Porque si hay algo que la serie se ganó es el cariño del público, que estuvo allí, firme, durante cinco temporadas, creciendo a la par de sus personajes. No se trata solo de despedirse de una serie, sino de cerrar una década de nuestras propias vidas.