Crítica de ‘Los vencedores’, de Pablo Aparo
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Los Vencedores, de Pablo Aparo, trae consigo un debate tan incómodo como esencial. El documental, consagrado como ganador del Premio Ciudad de Buenos Aires en el BAFICI 27, establece su punto de partida en un viaje hacia las huellas de la Guerra de las Malvinas, impulsado por una pregunta compleja: ¿qué hay en las islas por fuera de todo relato heredado? Su núcleo son los testimonios de la comunidad local, que sostienen una identidad propia y entran en fricción directa con el discurso argentino.
El valor de la película está en esa decisión de mirar un terreno desconocido. La cámara se detiene en voces que resultan difíciles de asimilar desde este lado de la historia. Todos los habitantes se sienten británicos, y viven el reclamo argentino como una amenaza concreta. Incluso, lo catalogan como “propaganda”. Ese conflicto permanece expuesto a carne viva y marca el tono del film.
Esa tensión toma forma en el vínculo con Mat Mac, un habitante rural atravesado por un profundo resentimiento hacia Argentina. El desarrollo de esa relación se vuelve el eje emocional del documental y condensa el planteo general. Dos miradas que chocan, se sostienen y, aun así, encuentran un espacio de escucha y amistad. No hay acuerdo, cabe resaltar, pero sí un reconocimiento básico: el del otro como alguien real.
En el plano formal, Los Vencedores acompaña ese desplazamiento. El paisaje de las islas es amplio, áspero y por momentos crudo, una especie de presencia constante que incide en la percepción. Aparo llega con imágenes previas construidas (incluso mostrándonos de realidad virtual al principio del documental) a la distancia y, a medida que avanza, esas certezas se desarman. En lo sonoro, la atmósfera que se construye desde el inicio de la cinta anticipa con éxito un tono serio y contundente.
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Tras la proyección en el BAFICI 27, Aparo definió el proyecto a partir de “emociones contrapuestas” y un “choque de identidad”. Sus estadías en las islas, marcadas por meses de convivencia repartidos en distintos viajes y un primer corte que alcanzaba las diez horas, hablan de una búsqueda insistente. “Ambas partes tenemos razón y es un problemón”, sintetiza.

El debate que nace de Los Vencedores es sumamente molesto y necesario. Cuestiona lo que damos por sabido sobre la realidad. Podrá generar rechazo en quienes esperan una reafirmación del relato nacional o ven con desconfianza la apertura hacia la voz del otro. La película asume ese riesgo y avanza sobre esa incomodidad. No intenta cerrar la discusión ni ofrecer una salida clara; es un registro que amplía la mirada y vuelve más exigente la forma de enfrentarse al conflicto. Una especie de cine periodístico puro, de lo más logrado que puede ofrecer ese híbrido.
Nuestra calificación para Los vencedores
5/5 = Obra maestra