La saga británica de infectados regresa con una entrega que expande su universo, profundiza su mitología y continúa el legado iniciado por Danny Boyle y Alex Garland.

Ampliando el mundo construido en Exterminio: La Evolución, Exterminio: El Rey de los Huesos sigue dos historias paralelas. El Dr. Kelson (Ralph Fiennes) inicia una inesperada relación de amistad con un infectado alfa que desafía todo lo conocido sobre la infección. Al mismo tiempo, Spike (Alfie Williams) cae bajo el dominio del violento Jimmy Crystal (Jack O’Connell), lo que lo arrastra a una pesadilla de supervivencia. En este nuevo capítulo de la saga dirigido por Nia DaCosta (Candyman, The Marvels), la amenaza ya no proviene únicamente de los infectados: la crueldad humana puede ser incluso más aterradora.
La franquicia Exterminio continúa ampliando su universo con una película que retoma la historia exactamente donde la dejó la entrega anterior. Lejos de repetirse, El Rey de los Huesos encuentra una identidad propia al dividir su narrativa en dos historias paralelas: la profunda exploración científica del Dr. Kelson con un zombi alfa al que llama Sansom, y el descenso de Spike a la violencia humana a través del liderazgo desquiciado de Jimmy Crystal. Esta dualidad permite expandir la mitología de la saga sin perder sus raíces temáticas.
La película previa fue un éxito en taquilla, aunque dividió opiniones por su tono más introspectivo, en vez de la clásica historia de zombis a la que el público general está acostumbrado. Esta nueva entrega, de alguna forma, aprovecha esa discusión y logra un equilibrio más sólido entre reflexión, tensión sostenida y secuencias de acción. Recupera elementos clásicos de la saga, como el ritmo nervioso, el terror visceral y el salvajismo humano al que se puede llegar por la locura que despierta este apocalipsis.
Un detalle llamativo es que esta película se estrena casi un año después de La Evolución, algo poco común en las sagas actualmente. Lejos de sentirse apresurada, esta continuidad temporal potencia el impacto emocional de la trama, reforzando la sensación de universo vivo. Kelson vuelve a destacar como uno de los personajes más complejos de la franquicia; Ralph Fiennes entrega una interpretación más que destacable y se puede ver que realmente disfrutó este papel, llevando al personaje por caminos cada vez más inquietantes gracias a su conexión con un infectado alfa que podría representar la clave de una posible cura.
La historia de Spike funciona como contrapunto: un descenso directo a la barbarie humana. Jimmy Crystal es la encarnación del salvajismo que emerge cuando la sociedad colapsa. Manipulación, violencia y abuso de poder atraviesan este arco, subrayando una de las tesis centrales de la saga. Incluso en un mundo plagado de monstruos, los peores a veces somos nosotros.
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El espectador puede anticipar que ambas historias convergerán, y eso es exactamente lo que ocurre. El clímax es sorprendentemente distinto a lo que suele ofrecer el género. La resolución no es una batalla campal de hordas de infectados, sino un enfrentamiento estratégico, construido alrededor del ingenio, la sorpresa y la tensión psicológica. Aunque el desenlace roza lo excéntrico en concepto, la ejecución es tan precisa y visualmente potente que se vuelve totalmente efectiva.
Nia DaCosta demuestra una enorme solidez detrás de cámara. Respeta el lenguaje que Danny Boyle instauró hace más de dos décadas. Cámaras frenéticas, texturas crudas, escenarios devastados, pero suma una sensibilidad propia, más íntima y emocional. La puesta en escena, el diseño sonoro y el manejo del suspenso hacen de esta entrega una de las más logradas en términos técnicos.

Además, la película funciona claramente como puente hacia una eventual conclusión de la saga. Expande la mitología de los infectados, introduce posibilidades nuevas sobre la evolución del virus y profundiza los límites entre lo humano y lo poshumano. Y todo esto se refuerza con el cameo final de Cillian Murphy, protagonista del film original 28 Days Later. En una escena que sirve como poderoso guiño para los fans, lo vemos en la casa donde vivía al final de la primera película. La gran sorpresa es que lo vemos junto a su hija, a quien está dándole una pequeña clase. Al final, detecta a los protagonistas siendo perseguidos por unos zombis a través de sus binoculares y decide partir para ayudarlos, dejando la puerta abierta para la próxima entrega de la saga.
Ese regreso no solo emociona: promete un cierre épico que unifique las tres eras de Exterminio, conectando a los protagonistas clásicos con los nuevos y preparando el terreno para una conclusión ambiciosa, si es que la recepción comercial de esta entrega lo permite. Exterminio: El Rey de los Huesos mantiene la solidez narrativa y visual de su antecesora, profundiza la mitología del universo y encuentra nuevas formas de tensar la relación entre humanidad e infección. Respeta el espíritu de la saga y no teme tomar riesgos, consolidando un camino hacia lo que podría ser una conclusión histórica para Exterminio. El regreso de Cillian Murphy reafirma ese rumbo y despierta enormes expectativas para el siguiente capítulo.
4/5 = Muy buena