Emma Mackey salva del olvido una película despareja y errante.
De vez en cuando hay películas que parecen contener dos relatos a la vez. En este cas por un lado se muestra un romance entre dos mujeres con diferencia de edad, y por el otro, una hija que cuida a su madre enferma. Claramente una de estas historias es mejor y más interesante que la otra. En está crítica te contamos que nos pareció la película Hot Milk, que está disponible en MUBI.
Hot Milk nos muestra a Sofia (Emma Mackey) una estudiante avanzada de antropología que pasa unos días con su madre Rose (Fiona Shaw) en Almería, una ciudad costera española. La mujer más grande esta allí para probar otro tratamiento para el dolor crónico que la inmoviliza y por la que debe utilizar silla de ruedas, a cargo del doctor Gómez (Vincent Pérez). En este lugar con mar de fondo la joven conocerá a Ingrid (Vicky Krieps) una misteriosa mujer de la que se enamorará.
De apenas una hora y media, la película falla en varios frentes. En primer lugar para querer mostrar lo idílico de un amor de verano. Las imágenes son simplemente feas. Es muy poca vistosa visualmente y es que, el escenario central sea en una ciudad costera da igual, ya que gran parte de las escenas ocurren en consultorios médicos o el departamento que alquilan madre e hija.
A su vez, si bien hay intensas escenas entre la pareja conformada por Mackey y Krieps, su romance está poco desarrollado. Apenas vemos unos pasajes, y ni hablar del personaje de la segunda, del que no sabemos bien qué hace en esa playa o porqué tiene tantas parejas sexuales. Además, por momentos hay referencias sobre los estudios en antropología del personaje central, pero son olvidados rápidamente.
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Esta película que es bastante torpe y olvidable se entremezcla con un relato más interesante entre la hija y la madre enferma interpretada con sutiles gestos físicos y maestría por Fiona Shaw. Hay una incomodidad entre ambas actrices palpable y buscada. Se refleja el cansancio de lidiar con un familiar enfermo con gran tacto y la fealdad de ese verano caluroso y aburrido va bien con estas secciones del metraje.
Basado en un libro escrito por Debora Levy, el problema de Hot Milk es que no puede conciliar bien ambas partes para el espectador. Un largometraje que tranquilamente podría sostenerse con la ira contenida de Sofía ante la extraña enfermedad de su madre y el curioso tratamiento médico al que se somete en esta oportunidad. A su vez, hay algo de autosabotaje constante en la mujer mayor que es simplemente desesperante.
Como último recurso, la joven visita a su padre al que no ve hace más de una década, pero tampoco parece darle algo de amor o cuidado. Esa situación de virtual encierro familiar, hace que la película en sus minutos finales mejore y mucho. Y es que incluso como podría sentirse el espectador, el personaje de Mackey se harta, confronta a su pésima amante y a su pésima madre. En esa impulsividad y hartazgo hay una historia mucho más jugosa que en las escenas donde Krieps y Mackey yacen en la cama y se preguntan sobre sus vidas casi sin mostrar nada del disfrute en el vínculo que forjan.
Tanto Krieps como Shaw son grandes actrices, pero esta película se salva por Mackey. Salida de Sex Education de Netflix, eleva un proyecto que parece confundido en saber qué quiere contar y cómo lo quiere contar. Por poner un ejemplo, Almodóvar sabe que en la belleza de los colores y el humor ridículo, se puede acompañar de mejor manera la desgracia. La sensación en este caso es de hastío al finalizar la película, al igual que su protagonista. A veces es buscado, la mayor parte del tiempo, es involuntario, ante el poco pulso de la directora Rebbeca Lenkiewecz. Es sin dudas, una oportunidad desperdiciada.
3/5
Hot Milk ya está disponible en Mubi