Descubrí los 10 mejores mockumentaries: comedia, terror y sátira en películas que reinventaron el género. Una guía esencial para cinéfilos.

El mockumentary es uno de los formatos más versátiles y creativos del cine y la televisión. A medio camino entre la ficción y el documental, combina entrevistas, cámaras “invasivas”, improvisación y humor para construir universos tan absurdos como verosímiles. Desde sátiras feroces hasta historias íntimas o propuestas que directamente borran la línea entre lo real y lo inventado, el mockumentary ha dejado algunas de las obras más ingeniosas de las últimas décadas. En esta lista repasamos diez grandes ejemplos del género: películas y animaciones que marcaron un antes y un después y que demuestran por qué este estilo sigue más vivo que nunca.
Para abrir esta lista nos decidimos por una propuesta estrenada recientemente. Theater Camp utiliza los códigos del género del mockumentary, pero no de forma explícita. Su genialidad reside en la sutileza, con un estilo que podría asemejarse al de la serie Parks and Recreation. Aunque las cámaras están presentes, no hay entrevistas directas a sus protagonistas como en The Office, sino que la cámara observa el entorno y deja que la historia respire. Su título es tan directo como descriptivo: la película retrata el día a día de un campamento teatral de verano donde un grupo de jóvenes profesores debe lidiar con los problemas que surgen mientras preparan una obra. La protagonizan Ben Platt, una de las figuras más reconocidas del musical actual, junto a Molly Gordon, Ayo Edebiri y Jimmy Tatro.
Aunque podría parecer una sátira del ambiente teatral, no lo es del todo. Sí se burla un poco de ciertos excesos y extravagancias, pero lo hace desde un lugar de cariño y autenticidad, nunca desde la crueldad. En el fondo, es una celebración de lo diferente, lo creativo y lo profundamente humano.

Si en el caso anterior la sátira no tenía lugar, aquí ocurre todo lo contrario. La película toma un entorno emblemático de los Estados Unidos de los años 90: los concursos de belleza. Muestra lo patético que puede ser este mundo y, al mismo tiempo, lo profundamente hipócrita que resulta. Las entrevistas a cámara de las concursantes, el backstage y las opiniones de los habitantes del pueblo convierten esta propuesta en una película cómica y grotesca, ya que expone la realidad irracional de estos certámenes, donde la búsqueda de la belleza y la perfección se vuelve obsesiva.
Además, las situaciones que presenta son completamente absurdas: accidentes grotescos, madres obsesionadas con el triunfo de sus hijas, sabotajes y complots. Todo esto es captado por las cámaras de un falso programa que pretende mostrar la “realidad” de estos concursos en un pequeño pueblo de Minnesota. La película no fue un éxito en su estreno; podríamos decir que no fue comprendida en su tiempo. Hoy, sin embargo, cuenta con el estatus de película de culto y se reconoce como una obra adelantada a su época. Incluso anticipó reality shows como Toddlers & Tiaras o Dance Moms.

Esta película entra también dentro del subgénero found footage, como Actividad Paranormal o REC, pero quisimos destacarla porque dentro de las propuestas de terror es distinta. Solo cuenta con dos actores y una sola cámara, la cual es utilizada por ellos mismos.
La historia sigue a un joven que responde a un anuncio de trabajo: debe filmar a un hombre durante unos días con el objetivo de realizar una “película” para su hijo que está por nacer. Pero, una vez que llega al lugar donde debe realizar la labor, aquel que lo contrató comienza a pedirle cosas cada vez más extrañas e insólitas. Todo lo que vemos en pantalla es lo que esa cámara muestra, volviendo la historia íntima e incómoda a medida que avanza.
Sin dudas, la actuación de Mark Duplass como el hombre del anuncio es la razón por la que la película se sostiene. Comienza siendo alguien extremadamente amable, hasta volverse inquietante y perturbador. Al final, termina revelándose como un depredador, demostrando que no hace falta nada paranormal o sobrenatural: a veces los verdaderos monstruos son los humanos.

La propuesta animada de la lista, y una que quizás no conocías. En espíritu tiene esa picardía de las falsas tomas que veíamos en los créditos finales de Pixar, como en Monsters Inc. o Toy Story. En esta película seguimos la historia de un pingüino adolescente que participará en su primera competencia profesional de surf. Veremos entrevistas a los distintos participantes, zooms y enfoques improvisados e imperfectos, material de archivo y hasta micrófonos visibles.
Al salir casi al mismo tiempo que Happy Feet, hizo que pasara sin pena ni gloria, pero con el tiempo la película comenzó a ser revalorizada, principalmente porque integró a la animación un género poco explorado como el mockumentary. Y además de funcionar como una comedia para los más chicos, también es una sátira del mundo del deporte competitivo, en este caso, el surf. Esto queda claro gracias a sus personajes, cada uno con una personalidad exagerada y muy marcada.

La película protagonizada por Andy Samberg es una sátira sobre el mundo de la cultura pop, más específicamente los ídolos musicales. Toma como base al grupo ficticio The Lonely Island, surgido del programa Saturday Night Live. En esta propuesta se nos cuenta que la banda se ha separado y seguimos la vida de sus tres integrantes mientras intentan afrontar esta nueva etapa. Vemos el detrás de escena de las giras, el manejo de sus redes sociales, sus escándalos y cómo funciona la prensa al tratar al cantante no como una persona, sino como una empresa, alguien con la que facturar.
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Cuenta, además, con cameos de alto nivel como Mariah Carey, Adam Levine, Usher y hasta el famoso jurado de The X Factor, Simon Cowell. En el universo creado para esta película, los artistas mencionados reconocen a los protagonistas de The Lonely Island como sus pares, lo que hace que el mundo planteado se sienta auténtico y la sátira aún más filosa respecto al manejo de la industria musical actual. Y aunque ya habíamos visto algo similar en otra propuesta que aparecerá más adelante en esta lista, no se le puede quitar mérito, porque la idea sigue funcionando y suma nuevos elementos como la obsesión por el streaming, las escuchas digitales y el marketing como eje central del negocio.

Y a mitad de tabla nos encontramos con la película que hizo despegar la carrera de Taika Waititi, quien además de dirigirla, también la protagoniza. En esta propuesta el director decide combinar el terror sobrenatural con el documental de observación. Los protagonistas son unos vampiros que intentan adaptarse a la sociedad pasando desapercibidos, algo que resultará casi imposible. La cámara los sigue para registrar los fallidos intentos de su plan. A lo largo de la cinta vemos situaciones absurdas e incómodas que dan como resultado una comedia con la que no podrás parar de reír.
En este caso, la sátira se enfoca en cómo se cree que es la mitología y la representación de los vampiros, frente a la realidad patética del trío protagonista. Estos personajes están más cerca de lo humano que de lo monstruoso, y sus discusiones tienen que ver más con los roces de la convivencia que con la caza de sus víctimas.
El éxito de esta película fue tan grande que derivó en dos spin-offs: Wellington Paranormal (2018) y la serie del mismo nombre What We Do in the Shadows (2019–2024). En la primera seguimos a un grupo de policías neozelandeses que investigan eventos paranormales, desde posesiones demoníacas hasta robos en bancos de sangre. La segunda sigue las aventuras de un cuarteto de vampiros en New York, llevando al extremo todo lo que la película original había planteado.

Protagonizada por Joaquin Phoenix y dirigida por Casey Affleck, es una propuesta que se sale de la norma y se volvió un acto performativo del actor. En la vida real, Joaquin Phoenix fingió su retiro de la actuación, se comportó de manera extraña en público y anunció que empezaría su carrera musical como rapero. Estos actos confundieron a sus fans, críticos e incluso a los propios medios, borrando por completo la línea entre lo real y lo ficcional. Un experimento donde el cine y la vida parecen lo mismo y el meta-cine pisa fuerte.
La idea principal del film es tomada como un ensayo sobre las celebridades y cómo un simple comportamiento “fuera de lugar” provoca escándalos, mientras la vida de los famosos se vuelve mediática hasta el punto en que ellos mismos ya no pueden controlar cómo son percibidos por el público. El sufrimiento personal se convierte así en una explotación mercantilizada. Affleck utiliza a Phoenix como un conejillo de indias de la industria de Hollywood. Programas de late night y talk shows hablaban sobre el supuesto deterioro y la salud mental de Phoenix como si no fuera una persona pública a la que le afecte lo dicho. El director construye una película incómoda y caótica a propósito, con el objetivo de desestabilizar y provocar.

Para abrir el podio tenemos la película que le dio fama mundial a Sacha Baron Cohen. Aunque su personaje de Ali G ya resonaba en la cultura pop, con Borat dice “¡acá estoy!”. Lo novedoso de esta película es la inclusión del público real en el film. La gente cree que todo lo realizado por Borat es auténtico, o mejor dicho, que Borat existe y no es un personaje interpretado por el actor. Podríamos decir que la película es una gran cámara oculta donde se exponen temas como la xenofobia, la misoginia e incluso el antisemitismo de sus participantes. Es decir, ya no es solo sátira: es exposición. Pero la propuesta es inteligente porque nunca abandona el humor. La parodia se vuelve realidad.
El personaje trascendió los límites de la ficción y se convirtió en parte de la cultura pop. El actor se presenta en entrevistas y apariciones públicas como Borat sin salirse del personaje. Borat ya es parte de Sacha y Sacha es parte de Borat. Además, este personaje abrió el debate sobre el racismo y la representación en los medios respecto a Oriente, criticando la dominación estadounidense y el eurocentrismo.

Blair Witch redefinió para siempre el cine de terror y posicionó un subgénero que sería explotado hasta el día de hoy: el found footage. Aunque existían antecedentes como Holocausto Caníbal (1980), este no fue comprendido en su estreno, fue un fracaso comercial y hasta obtuvo críticas negativas al ser entendido como real aquello que se presentaba en pantalla. Blair Witch rompe con ello y, al igual que con Holocausto Caníbal, también fue interpretada como un hecho real, pero en este caso eso llamó al público a verla, y el boca a boca sumado a su marketing ingenioso logró llenar salas en todo el mundo.
Este efecto se pudo lograr gracias a un reparto desconocido de actores, grabaciones que parecían amateurs y la falta de edición, reforzando así la idea de que se trataba de una historia real y que la cámara era el testimonio directo de hechos horrorosos.
Nombramos anteriormente el marketing, y los elementos utilizados incluyeron páginas web, entrevistas ficticias a policías del caso y foros sobre los jóvenes desaparecidos, cuyos nombres coincidían con los protagonistas de la película. Por último, la película costó apenas 60 mil dólares y recaudó más de 250 millones, convirtiéndola así en un éxito total y un proyecto cien por ciento rentable.

El mockumentary por excelencia, el pionero y el que supo desde un principio cómo manejarse dentro de este género es, sin dudas, la película dirigida por Rob Reiner. El director creó una banda ficticia con una historia que se siente real. Tenemos todos los elementos que serían explotados al máximo de aquí en adelante: entrevistas a cámara, un narrador o realizador dentro de la ficción que interviene en las acciones y situaciones absurdas que son producto de la improvisación de sus actores. This Is Spinal Tap es la piedra fundacional del mockumentary moderno.
Otro punto esencial para su éxito es su humor absurdo. No solo sería tomado como referencia para el cine, sino también para las series de televisión de comedia más importantes de las últimas décadas: The Office, Parks and Recreation, Angie Tribeca. Incluso en el plano nacional podríamos decir que influyó en programas como Cha cha cha y Peter Capusotto y sus videos.
Como sucedió con Blair Witch, hubo espectadores que creían que Spinal Tap realmente existía. Las canciones originales eran creíbles, la estética de sus integrantes también y la edición del documental era demasiado profesional para ser mentira. Durante muchos años parte del público no creía que lo presentado ante ellos era un engaño. Esto demuestra cómo el formato es capaz de generar una realidad tan bien elaborada que el público no nota la diferencia, siendo esto prueba suficiente para ocupar el primer puesto en esta lista.

El mockumentary lleva décadas demostrando que no necesita grandes presupuestos ni efectos espectaculares para brillar: lo suyo es la creatividad, la sátira y la posibilidad de observar el mundo desde un ángulo tan incómodo como revelador. Estas diez películas, tan distintas entre sí como el terror artesanal, la animación irreverente o la comedia musical absurda, muestran la amplitud de un género que sigue mutando y encontrando nuevas formas de sorprender. Ya sea para reír, incomodarse o cuestionar lo que creemos real, el mockumentary sigue siendo uno de los formatos más vivos y estimulantes del audiovisual contemporáneo. Si todavía no exploraste este mundo, esta lista es el punto de partida perfecto.