‘Nuestra Tierra’: el documental de Lucrecia Martel sobre territorio y memoria
‘Nuestra Tierra’, el documental de Lucrecia Martel, sigue el juicio por el asesinato de Javier Chocobar y explora la historia y la memoria de la comunidad chuschagasta
Probablemente lo que uno menos espera de un documental de Lucrecia Martel es que inicie con una escena en el espacio. Pero a estas alturas, de su cine siempre hay que esperar lo que, pareciendo inesperado y osado, a la vez es perfectamente natural para eso que quiere narrar. Nuestra Tierra parte de lo cósmico para llegar a lo terrenal, va de lo universal a lo ancestral; casi como un espejo inverso del inicio de 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick.
El documental sigue el juicio por el asesinato de Javier Chocobar, referente indígena chuschagasta, durante un desalojo de las tierras de la comunidad para luego explotarlas. Es una película de tribunal, de la cual lo primero que sorprende es la cercanía que Martel consigue para retratar el caso. Su cámara se aproxima estilizando y volviendo cine un juicio real que, siendo mundano y cotidiano, se hace ancho emocionalmente en pantalla.
Lo hace con sus encuadres, con pequeños registros del “detrás de escena” del juicio, como empleados que trapean los estrados antes de una jornada o que arrastran sillas con la misma cadencia que los personajes de La Ciénaga. Pero también aprovechando el acceso privilegiado que se le da a la recreación del crimen en las pericias, y que se vuelve cinematográfica bajo su lente.
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Pero a Martel no le interesa el caso como evento narrativo en sí mismo, sino usarlo como disparador para adentrarse en todo el universo de la comunidad chuschagasta. Entonces se acerca, sigue yendo de lo universal a lo privado, y reconstruye sus pasados, sus anécdotas, sus creencias y sus cotidianidades. Incluso se infiltra en la primera proyección cinematográfica que la comunidad tiene en sus vidas.
En Nuestra Tierra, la cámara está a merced de Martel para alcanzar la puesta en escena perfecta, el encuadre exquisito. Y si bien eso no es novedad, lo es cómo mueve la cámara a través de drones para sobrevolar las tierras en disputa y retratarlas. Hay secuencias prodigiosas en destreza técnica, en las que se respira cierto carácter artesanal en una actualidad de tanta IA. Lucrecia Martel podrá sobrevolar con tecnología, pero solo para regresar a lo originario. Para, una vez más, construir verdad desde el cine.