Playa de lobos

Playa de lobos
En Playa de Lobos, Manu (Dani Rovira) trabaja en un chiringuito de playa y Klaus (Guillermo Francella) es un turista que se niega a levantarse de la última tumbona que queda por recoger. Lo que parece un encuentro casual entre dos hombres completamente opuestos pronto se transforma en algo más inquietante. Manu comienza a sospechar que Klaus no está allí por casualidad ni es quien dice ser. La tensión entre ambos crece hasta que Klaus le hace una propuesta tan desconcertante como perturbadora.
Dirigida por Javier Veiga, Playa de Lobos es una cooproduccón española-argentina que intenta construir un relato que mezcla comedia con misterio psicológico. La película adopta una estructura que recuerda, en cierta medida, a ciertos planteamientos del cine clásico de Alfred Hitchcock: situaciones aparentemente cotidianas que escalan gradualmente hacia un conflicto mayor e inesperado. La pregunta inevitable es si ese mecanismo funciona aquí. La respuesta es ambigua.
El punto de partida es simple pero efectivo. El conflicto surge cuando Manu se niega a permitir que Klaus permanezca más tiempo en la tumbona, a partir de esa discusión mínima, la historia comienza a escalar. Klaus empieza a hacer preguntas incómodas, indagando en la vida personal de Manu, en especial en su conflictiva relación con su hermano vinculado a la mafia. Ese juego psicológico entre ambos es el motor narrativo principal y, en sus mejores momentos, sostiene el interés del espectador.
La dinámica entre Francella y Rovira es, sin duda, uno de los puntos fuertes del film. Ambos actores aportan carisma y oficio, y logran construir una relación que transita del enfrentamiento inicial a una extraña complicidad. Hay escenas que rozan lo caricaturesco y otras que pueden resultar algo forzadas, pero en general el intercambio entre los protagonistas mantiene viva la película.
|Te podría interesar: «Good Luck, Have Fun, Don’t Die», prepárense para la guerra contra la AI
El problema principal aparece en el tono. La película oscila entre la comedia y el misterio sin terminar de decidirse por ninguno de los dos caminos. En varios momentos se introducen escenas surrealistas, incluyendo números musicales que surgen de los pensamientos de Manu, que rompen la tensión construida previamente. Además, la trama comienza a sobreexplicarse y a complicarse innecesariamente, perdiendo claridad en su desarrollo.
La conclusión intenta sorprender, pero su resolución resulta apresurada y, en cierta medida, ridícula. Algunas cosas no terminan de cerrarse del todo y el misterio que parecía prometedor se diluye en un desenlace que no alcanza el impacto esperado.
A pesar de sus inconsistencias, Playa de Lobos logra ser entretenida gracias a los diálogos y a los momentos reflexivos que atraviesan la relación entre los protagonistas. Sin embargo, la insistencia en forzar el misterio y los cambios bruscos de tono impiden que la película alcance el nivel de tensión o profundidad que parecía prometer en su inicio.

Playa de Lobos es una propuesta interesante en su planteamiento, con dos actuaciones sólidas que sostienen gran parte del metraje. No obstante, su indecisión tonal y un final poco convincente hacen que la experiencia se quede a mitad de camino. Una película que busca impresionar, pero que termina resultando irregular y, en parte, olvidable.
3/5 = Aceptable

Playa de lobos