Primeras impresiones de ‘Star Wars: Andor’, con Diego Luna (Disney+)

'Andor', serie escrita y creada por Tony Gilroy, relata los hechos previos a 'Rogue One' con un cambio de tono notable, díalogos cuidados y una impronta cinematográfica.
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El protagonista de Andor, Diego Luna en acción

Antes de analizar Andor, debemos que entender que hay un factor fundamental por la que entramos en la era de las precuelas. Es el hecho de que las mayoría de las propiedades intelectuales tienen cada vez menos dueños. Hoy casí todo el mercado audiovisual está concentrado en el conglemerado Disney por un lado y Warner en el otro. Bajo una lógica totalmente mercantilista, las dos empresas aprovechan sus productos al máximo. Por eso ya vamos por el séptimo Batman y una nueva serie basada en el universo de Game of Thrones. Los contenidos originales se ven relegados ante a la apuesta más segura y que obviamente parece dar más rédito de ampliar los mundos de personajes ya conocidos. No es una decisión tomada desde el cinismo, sino más bien de la más pura utilidad. No hay que olvidarse, son empresas.

Esto no quita que dichas historias carezcan de originalidad o puedan convertirse en relatos con su peso propio. Hace pocas semanas concluyó Better Call Saul, una de las mejores series de los últimos años. Esta tomó como partida un comic relief de Breaking Bad y terminó siendo una narración soberbia sobre un hombre fallido. Si bien aún faltan episodios, hay un pacto tácito entre la audiencia de House of The Dragon y sus creadores, en la que buscan «redimir» el paupérrimo final de la serie madre. Y acá vamos a hablar de Andor, la nueva serie que estrenó Disney+ este miércoles y que nos introduce nuevamente al mundo de las precuelas, en este caso siendo incluso una precuela de una precuela, o una precuela al cuadrado.

Andor detalla la historia previa de Cassian (Diego Luna), el rebelde que junto a un verdadero «escuadrón suicida» ayuda a robar los planos de la Estrella de la Muerte, en los hechos narrados en Rogue One. Esta es la única película bajo la era Disney que tiene el visto bueno de casi todo el público, con la base de fans más tóxica de la actualidad, que no es poco mérito. Aquel film «puente» entre los episodios III y IV de Star Wars sorprendió por su tono adulto. Era grave en el mejor de los sentidos. Sin ponerse solemne, la película entendía el peso del sacrificio para avanzar en una lucha. Se sentía épica como pocas películas del mundo de los jedis. Había consecuencias para lo que pasaba en pantalla, no había certezas de nada y eso era un concepto bastante nuevo para el universo.

La serie entonces se enfocará en cómo Andor se une a la rebelión y de paso describir como se fue edificando esta resistencia a la sombra del imperio ¿Por qué seguir yendo más atrás? ¿Por qué describirlo en una serie, que tendrá 2 temporadas, de 12 capítulos cada una? La respuesta, al menos en los primeros tres episodios, tiene un nombre y apellido: Tony Gilroy.

Los rodajes accidentados siempre serán cuna de rumores infundados y más de una falsedad que quede en el imaginario colectivo de los cinéfilos. Pero lo cierto es que Rogue One sufrió una extensión de rodaje, reshoots y varias modificaciones de guión. Gareth Edwards, que había filmado previamente Godzilla, parece no haber dado en el clavo para tamaña responsabilidad y ahí, dicen, Gilroy tomó las riendas, encontró el tono justo y básicamente, la película terminó siendo lo que se pudo ver en 2016.

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Gilroy acá es directamente el «showrunner», el mandamás de la serie y si bien no dirige los capítulos, escribió varios episodios. Y al menos en los primeros tres que pudieron verse este miércoles por Disney+, se ven aquellas ideas ya germinadas en Rogue One. Casi no hay chistes, hay muertes y no hay guiños o «easter eggs» notables. Esta es una historia sucia, sobre como se construye un rebelde, alguien sin nada que perder, con talento y que encuentra un propósito en ir en contra del imperio.

Es notable el cambio de tono, cómo así también lo cuidada que se ve la serie en lo visual desde la primera escena. Hay un salto de calidad respecto a Obi Wan y el Libro de Boba Fett. Da la impresión que estamos viendo una película extensa. El trabajo de guión también es muy bueno: los díalogos suelen ser pequeñas negociaciones que mantienen el interés del espectador sin la necesidad de lasers.

Mientras que los primeros dos episodios sirven de base para presentarnos a los personajes principales y sus motivaciones, en el tercero llega el conflicto central. Andor es perseguido por el asesinato de dos agentes del imperio. Su escape es violento y usando señuelos y trampas junto a alguien, que entendemos será su mentor (Stellan Skargard). Son 30 minutos perfectos, llenos de tensión y con verdaderos desafíos para los protagonistas.

SPOILERS

Y termina con una nota alta. Es que así como Rogue One volvía poner en escena el valor del sacrificio y que las muertes de los personajes tienen peso y no tienen porque revivir constantemente, acá vemos en Andor, a través del montaje, que es la base del arte audiovisual, la más pura emotividad. En una escena brillante, vemos como Andor, cuando logra huir del imperio, recuerda el momento en que es rescatado de su planeta cuando era un niño. Vemos en paralelo ambos «escapes». Es decir Andor entiende, o parece entender, que la rebeldía es una forma de supervivencia y por asociación, de libertad. Si Gilroy hubiese estado detrás de la nueva trilogía, quizás podríamos haber visto algo más de estas ideas y no lo que nos terminaron dando J.J Abrahams y Rian Johnson. Bienvenida sea, entonces una serie con esa mirada en un universo varias veces visitado y que esperemos cumpla con el objetivo de darnos algo nuevo, entre tanta falta de originalidad.

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