Cannes de adelante para atras: Carta a ‘Otra ronda’ de Thomas Vinterberg (2020)

Otra ronda, con Mads siendo protagonista
Mariano Parnes continua esta nueva sección donde repasa los ganadores a la Palma de Oro en la última década. El turno es para 2020, año donde no hubo Palma de Oro, pero para eso está el autor de esta carta.
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Otra ronda, con Mads siendo protagonista

Querido Thomas:

Gracias por lograr esta actuación entrañable de Mads, histórica. Eso de entrada.

 Aunque nunca leas esto, no importa del todo.

Si, ya se, en 2020 no hubo ganadoras en Cannes porque el COVID-19 suspendió todo. Te doy un premio, esta palma de oro fantasma de la pandemia. Si hubiese existido competencia, Druk (Otra ronda) hubiese sido la ganadora para mi (acá soy el arquitecto de la película matrix, en Matrix)

En competencia había cosas dispares, Soul (animación de Pixar), una de F. Ozon, Falling dirigida por Viggo Mortensen (Viggo es Viggo, cuervo y amigo de Fabián) y la renombrada en Europa Sweat de Magnus Von Horn que hizo ruido en otros festivales. Yo elijo tu película por la realización puntillosa, sin olvidar la cosa emotiva, ese «no se que» que transpira el film, que cuando lo vimos en el camión de Rodriguez, nuestro espacio de zoom de amigos queridos nos emocionó a todos sin excepción.

Bien construido el prólogo, la fiesta de mamados daneses. El tono y los intereses de exploración, el eje argumental:

 ¿Hay que emborracharse “para ser feliz”?

El profesor Maccari, a quien tuve en Pedagogía 2 en capacitación docente allá por el 2004 en una escuela semiderruida de San Isidro, dijo mirando a todos y cada uno “el placer de la autodestrucción no debe ser menospreciado”.

En la apertura de la película está la semilla y el desarrollo de lo que vendrá.

Los cuatro profesores protagonistas aceptan el experimento que impulsa el argumento hacia adelante, deberán beber (sin excepción) todos los días un piso mínimo de alcohol y continuar con su vida cotidiana, o sea dar clases, buscar a sus hijos, compartir comidas familiares, tratando de que no se note demasiado esta alteración.

La ingesta de alcohol diaria, sin embargo no será el tema central.  

Vos querés hablar de otra cosa.  

Otra ronda está tratando de hablar de la trascendencia, de lo que queda de nosotros cuando nos jubilamos, cuando ya no somos los que fuimos.

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Charlé sobre tu película con mi amigo Alejandro, me dijo me mandaría un mensaje de texto para que lo agregue a esta carta. Te transcribo una parte, es complejo pero vos lo sabrás entender:

“¿Cuando se está satisfecho? ¿Que es estar satisfecho? Y respondidas ambas, si fuera posible con algún grado de certeza, otra pregunta: ¿Es posible estarlo?  Vitemberg pareciera abordar dichas cuestiones y, como buen director, no solo hace planteos, intenta respuestas a los mismos, hace preguntas inteligentes y aunque sea paradójico planifica la película para demostrar que esas aseveraciones fracasan. Aceptada la imposibilidad de la felicidad solo queda la anestesia parcial. Estar un poco acá y otro poco en la alteración de la consciencia, caso contrario incluso con excelentes motivos para alcanzar la paz sobreviene “la náusea”, si viene “la naúsea” que sea por una resaca que reconocerá como antecedente un rato de vigilia atontada que permitirá enfriar los sobrecalentados circuitos neurológicos del bienestar”

La incomodidad está presente en todo en esta «Otra ronda«, en el manejo de tamaños de planos, en la cámara inquieta. El profesor protagonista (Mads Mikelsen) tiene esposa linda y buena, cálida, hijos, amigos, una vocación, va de camping a un lago divino pero no baila nunca ¿Por qué no baila? Solo al final. Y que final.

Los 4 amigos en otra ronda, de tomas vinterberg

Thomas, la película nos pregunta hasta donde nos entregamos al prójimo ¿no?

La avaricia, ya se, la desconfianza.

Te dejo un párrafo de Milan Kundera, de la insoportable levedad del ser “en el imperio del kitsch totalitario las respuestas están dadas de antemano y eliminan la posibilidad de cualquier pregunta. De ello se desprende que el verdadero enemigo del kitsch totalitario es el hombre que pregunta, la pregunta es como un cuchillo que rasga el lienzo de la decoración pintada, para que podamos ver lo que se oculta tras ella. Así fue como Sabina le explicó una vez a Teresa el sentido de sus cuadros: delante hay una mentira comprensible y tras ella reluce una verdad incomprensible” (pag. 259, editorial Tusquets)

El salto al vacío del final, que alegría al corazón, Thomas, dale más alegría a mi corazón.

M.

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